EDUCACIÓN PARA LA SOCIABILIDAD: MISIÓN AMÉRIKA.

Una forma de descubrir, aplicar y enseñar las relaciones entre las ciencias y las humanidades.

Estela Bastardo. TSU en Quím. y Estudiante de Lic. en Educ.para la Integración y la Promoción social. Venezuela.

Asesor: Pedro Peralta. Director de la Unidad de Mujeres Víctimas de Violencia Doméstica del Dpto. de Servicio Social de Nueva York. USA

Se están haciendo esfuerzos para encontrar vínculos entre las Ciencias y las Humanidades, sin embargo, las Ciencias y las Humanidades, si bien manifiestan diferencias, no están realmente separadas, ¿Por qué las creemos separadas? ¿Cómo fue que se separaron y cuáles son sus consecuencias?. Las separaciones que en apariencia vemos son ficticias y responden más a la definición de liderazgos, que a diferencias concretas que las hagan funcionar de forma separada. Es como si un estudiante de anatomía estudiase, por ejemplo, el corazón, y dijera que el corazón es diferente y está separado del cerebro. Desde cierta lógica tiene razón, sin embargo, si a una persona viva le separamos el corazón y el cerebro simplemente deja de estar viva. Uno puede preocuparse por encontrar la relación entre corazón y cerebro y explicarla, para aceptar que debe mantenerlos unidos, o puede interesarse en que la persona siga viva y mantener estos órganos en su lugar, y después entonces, poco a poco, si hace falta se le explicará cómo es que se relacionan.

Cuando se optó por separar el sentimiento del conocimiento, separando las humanidades de las ciencias, se hizo como si hubiéramos separado el corazón y el cerebro. Y cuando las humanidades y las ciencias separadas se orientaron hacia un academicismo excluyente, quedando los más frágiles en los órdenes intelectuales o económicos estigmatizados y apartados de los productos generados por la intelectualidad científica y humanista, es como si estos órganos hubieran sido extraídos del cuerpo social. No es extraño, pues, el estado de alarma en lo que respecta a la conflictividad social y las amenazas de exterminio masivo de la humanidad, así como el deterioro progresivo de la vitalidad de minerales, vegetales y animales, como especies, y como sistema. Planteamos que estos flagelos guardan relación directa con la ruptura de los nexos entre las humanidades, la ciencia y lo popular, nexos que urge ver y rehacer.

Cómo comenzó el abismo que separó a los seres humanos en “disciplinas”, germen de la separación y luego en “mercados” que la han profundizado, no nos compete responderlo en esta oportunidad, empero, si podemos ver cómo se hizo presente en el continente y cómo las relaciones entre personas y pueblos, y con su patrimonio histórico, cultural y natural se ha ido deteriorando, al punto de que hoy se piensa en la posibilidad de un colapso masivo, posibilidad que, asombrosamente, no es comprendida a cabalidad ni por los gobiernos ni por los pueblos.

Desde nuestra perspectiva, las humanidades buscan propiciar la perfectibilidad del ser humano como ser viviente y su integración a la realidad que percibe, en tanto que la ciencia busca conferirle gobernabilidad sobre el entorno. Siendo ambas fundamentales ¿Por qué la ruptura? Aunque imperfectos por naturaleza, las imperfecciones nos permiten avanzar en la búsqueda, no de perfección, sino de perfectibilidad, que implica aprender de los errores y transformarnos a nosotros mismos desde este aprendizaje, como también aprender del reconocimiento de las virtudes de los otros y de nosotros mismos. Esto, si bien no es exactamente “un método”, representa aproximadamente el patrón conductual de las humanidades. ¿Por qué lo rechazó la ciencia y proclamó el método científico como única vía confiable hacia el conocimiento?

Cuando la ciencia se dedicó a producir conocimientos y tecnología desvinculada de la perfectibilidad de lo subjetivo, actuó como cuando elegimos una opción de un laberinto y encontramos el camino cerrado. El orden socio-político imperante en los albores de la ciencia se caracterizaba por una dudosa subjetividad, quizás por ello se pensó que era la subjetividad en general, y no la subjetividad degradada lo que se debía combatir, ignorar y superar. Que a causa de ello se separase la ciencia de la subjetividad, y por ende de las humanidades, es un camino cerrado que hay que revertir. De allí los enormes esfuerzos de hoy por vincularlas nuevamente. Ahora, en la búsqueda de estos vínculos ¿Desandaremos el camino andando, retrocediendo paso a paso sobre los errores? ¿O daremos nuevos pasos sobre nuevos caminos?

La ciencia como la conocemos es un producto occidental, y como producto occidental podemos verla al trasluz del paradigma que caracteriza su comportamiento en el continente. Separar el deseo de perfectibilidad de lo humano de la gobernabilidad sobre su entorno quizás no sea algo que estrictamente le ocurra a “la humanidad”, sino que es el signo de esta cultura, instaurando este pensamiento en su radio de influencia. Así la humanidad, en la expresión de otras culturas menos expansivas, ha logrado conjugar el arte de buscar ser cada vez mejores seres humanos con la gobernabilidad sobre el entorno, que en todo caso no será ya “gobernabilidad”. Asoma aquí el paradigma de la armonía del conjunto, propio de los pueblos pre-americanos, no del todo desplazado por el paradigma de la separatidad, instaurado con la conquista-colonización, como pudiera parecer, sino subsistiendo latente en el subconsciente colectivo, y desde donde emergen las fluidas relaciones entre ciencias y humanidades que andamos buscando.

¿Por qué vemos desdibujados los nexos entre las humanidades y las ciencias? Nos acostumbramos a identificar la historia y el rumbo de la humanidad con los procesos socio-históricos de occidente, y en estos procesos, humanismo y ciencia se disociaron, disociación plenamente vigente en nuestra intelectualidad. Y aunque desde otras perspectivas tal disociación no existe, seguimos convencidos de que nuestra vida intelectual es de origen grecolatino, o anglosajón, según el punto del continente en que nos ubiquemos, y nos identificamos con su evolución. Hasta creemos que esta bien que este pensamiento sustituya el de las culturas pre-americanas, como si estos no fuesen parte de la historia de la humanidad, sino vestigios primitivos de un pasado remoto cuyos fundamentos no tienen cabida en la humanidad tecno-científica, ni en los procesos de reorganización social de hoy, ¿Por qué pensar en ellos?

El deterioro ambiental y social del continente deviene del proceso socio-histórico que desvinculó la identidad continental de su historia y su paisaje y la vinculó al afán expansionista y separatista de las pugnas anglosajonas y grecolatinas, y es precisamente este afán el provocador de las rupturas que se intentan solventar. La campaña “civilizadora” de la colonización introdujo algunos supuestos avances, como por ejemplo, desvincular la identidad del ser humano con la naturaleza y hacerlo identificarse con instituciones religiosas conectadas con un concepto de Dios sin interés en el mundo mineral, vegetal o animal, que guiaba al hombre para que reprimiera y negara sus impulsos naturales y de esta  forma avanzara hacia la vida espiritual, a cargo de dichas instituciones. Posiblemente esta ruptura indujo a la separación entre el humanismo y la ciencia, uno buscando o negando a Dios y la otra a natura, por caminos mutuamente excluyentes.

Así, Dios estaba separado de minerales, vegetales y animales, a los cuales creó y dejó a merced del hombre, el cual a su vez también deseaba sentirse separado de las criaturas inferiores. Y estaba el hombre tan separado de Dios, que este envió a su único hijo a un holocausto, con la esperanza de que tales hombres lo descubrieran en él. Con el proceso socio-histórico continental  también ingresó la idea de que solo eran humanos aquellos cuyas pálidas pieles, casi traslúcidas, se alejaran de la “apariencia animal” de otras razas. Se podía esclavizar, maltratar, vejar y dominar de forma legítima a cualquiera cuya piel tuviera algún grado de melanina, especie de evidencia de vínculos con la despreciada naturaleza animal que debía ser superada.

Es también común escuchar cómo, cuando una persona pierde o no desarrolla sus facultades emocionales o cognitivas, se le señala y compara “con un animal”, en lugar de asociarlo con un comportamiento disfuncional. Si un hombre falla como humano no se convierte en animal, sólo es un hombre que no alcanza a desarrollar o degrada su condición de humanidad, y puede llegar a ser, como efectivamente ocurre, mucho peor que cualquier animal.

Así, los procesos evolutivos de la cultura occidental continuaron en sus propios territorios, extensivos a América, presentandose conflictos en cuanto a definir al ser humano y su rol en la vida, por lo cual ocurrió el gran seísmo intelectual del cual ya se habló, que fue el surgimiento de la ciencia, provocando con ello, no transformaciones, sino separaciones, como un recurso para hacer frente a la decadencia de las instituciones religiosas. Se acerca así el hombre occidental a la naturaleza. Ciencias como la Química, la Biología, la Física, adquieren gran notoriedad y prestigio, luego de vencer las terribles y sangrientas resistencias ofrecidas por las instituciones religiosas afianzadas en el poder político. Sin embargo, el acercamiento a la naturaleza a través de la ciencia, una vez ganado el espacio social, no fue para armonizar con ella. Si antes, a través de la religión pugnó para “superarla”, ahora con la ciencia se esmeró en “dominarla”. La cultura occidental se ha caracterizado por pugnar con la naturaleza, en tanto que las culturas pre-americanas se esforzaban en armonizar con las diversas formas de vida que conocían.

Otra gran ruptura que estremeció la evolución cultural de occidente, mencionada ya también en párrafos anteriores, fue la del ser humano con su propia subjetividad, ruptura provocada por la Ciencia y que marca el abismo que separa a la ciencia de las humanidades. La ciencia, esmerada en la objetividad, descalificó lo subjetivo como algo de menor cuantía. Para desmeritar una investigación bastaba adjudicarle el calificativo de “subjetivo”. Y para desmeritar cualquier cosa, bastaba con demostrar que “no era científico”, de la misma forma que antes para desmeritar algo se decía que no era de Dios. Así, aunque con el salto cultural representado por la ciencia occidente intentó acercarse a la naturaleza, lo hizo al precio de desvincularse de si mismo (su propia subjetividad), y con la intención, no de armonizar para integrarse, sino de controlar a natura para sacarle provecho. Proliferaron las industrias, la explotación de los recursos naturales, el deseo de imitar y superar lo natural, lo sintético, lo artificial, el mercantilismo, las academias e instituciones educativas, tecnológicos, universidades, etc, para propagar el conocimiento científico, considerado de mayor rango que el humanístico, siempre con la idea de ganarle a otro aplastándole, o más sutilmente, comparar para separar y seleccionar.

Las rupturas y separaciones continuaron. No solo estaba Dios separado de la naturaleza, y el hombre separado de Dios y natura, sino que se pretendió separar al hombre de si mismo, al descalificar su subjetividad o en otros casos sobrevalorarla y con ello hacer más separaciones. También las ciencias se separaron. Un mismo objeto de estudio podía ser visto desde puntos de vista diferentes, y con ello, provocar pugnas entre las diversas disciplinas observadoras.

El estudio de la menospreciada subjetividad reclamo su espacio como disciplina científica y emergió con ello una nueva separación: las ciencias blandas, en desventaja metodológica respecto a las ciencias duras. Como la ciencia se caracterizó por su método, fue menester que el estudio de lo humano adoptara la metodología de las ciencias exactas: cuantificar, hacer estadísticas, buscar productos tangibles, y en general, se pretendió subordinar el complejo estudio de lo humano a un método pensado para objetos y no para sujetos, que debía garantizar la predictibilidad. Todo ello generó resistencias en el estudio de lo humano, sin embargo, marcó la diferencia entre humanidades y ciencias humanas. Había que precisar  “la diferencia”, el símbolo del prestigio.

Con el avance de las ciencias naturales, en especial la física, este modelo de pensamiento descubrió que los objetos no hacen ciencia, sino los sujetos. El experimentador es parte del experimento, es decir, sin una persona planificando, organizando y haciendo seguimiento a un experimento, este no ocurre. Los resultados del experimento están íntimamente ligados al proceso de planificación, organización y seguimiento, por tanto, la mente del investigador conduce el experimento, así, fue imposible seguir defendiendo la objetividad como puntal de la ciencia.

Para producirse un resultado científico debe seguirse una manera de pensar y un método específico, así, el conocimiento de los objetos y la realidad que a través de la ciencia se produce son el reflejo del proceso de pensamiento de los sujetos científicos, y no una realidad externa, gobernable, dominable y explotable impunemente, como se pretendió. Empero, para comprender y aceptar esto, se han generado teorías tremendamente complejas, se requirió violentar la intimidad del átomo y desarrollar teorías y números inaccesibles al ciudadano común, ya que la física, y concretamente la física cuántica, germen del cambio, no es fácilmente popularizable.

Y pudieran seguirse enumerando casos que reflejen la tendencia a separar, clasificar y seleccionar, patente también en el pensamiento darwiniano y la selección natural, selectividad también expresada en la religión, que habla de elegidos. El sentido de integralidad y sistematicidad recién se abre paso, como una novedad, dentro de la cultura occidental a partir del siglo XX, y una vez más parece creerse que es un avance de “la humanidad”, y no de una cultura.

Lo cierto es que la armonía del sistema planetario, defendido por la ecología, y que tiene en contra un sistema mercantil que impide su desarrollo, no es una novedad para la humanidad, si lo es para la cultura occidental; sin embargo, reconocer que “los primitivos” pre-americanos poseían conocimientos más adelantados si de armonía se habla, y que sus patrones de pensamiento habían descubierto relaciones que recién hoy descubre la cultura dominante, provoca resistencias.

Aun aceptando una evolución con un sentido definido, la cultura occidental no es, precisamente, la abanderada de este sentido. Ciencias de vanguardia como la física cuántica, la neurociencia y la ecología reivindican la subjetividad, las relaciones ser humano-naturaleza, y el pensamiento sistémico, evolucionando hacia un patrón de pensamiento que no es nuevo, si bien lo es la metodología, la tecnología y los recursos. Sin embargo, como una de sus características ha sido depredar pueblos y culturas en aras de la expansión de un poder, la gran mayoría de la gente cree, ingenuamente, que “la humanidad” se mueve en el sentido en que se mueve esta cultura como un proceso natural, y no como un proceso forzado que se conoce mejor, no por elección, sino por haber forzado al silencio las formas expresivas de otras culturas, que ya habían manifestado la tendencia del pensamiento humano hacia estas formas de percepción e interpretación.

Así, ante el giro que está dando la búsqueda de conocimientos, y lo que se produce, se cree que estamos ante “novedades”, de igual forma que hace quinientos años se propagó la creencia de haber “descubierto un continente nuevo”.  No se manejó la idea de estar abandonando un estado de ignorancia, se creyó que había emergido una realidad que antes no existía, cuando es evidente que existía, y no era ninguna novedad. Lo nuevo era el abandono de un estado de ignorancia por parte de los “descubridores”. Es como cuando un niño descubre una bicicleta, bien, es bueno que su conciencia se enriquezca, pero no que crea que la bicicleta es algo nuevo en el mundo, que él la descubrió y por ende es suya. El continente con el cual tropezaron no era “nuevo”, solo desconocido para ellos, de la misma forma que el pensamiento sistémico y las relaciones del ser humano con la totalidad de la vida no son nuevas, sólo desconocidas para un patrón de pensamiento que expresa profundas dificultades para integrar y armonizar lo que percibe.

Ahora, si el tema es encontrar vínculos entre ciencias y humanidades, y formas de comunicarlos, ¿Por qué el énfasis en las separaciones y sus causas? ¿El interés no son las relaciones?

Si, el interés es señalar las relaciones, sin embargo, es primordial destacar el estilo fragmentario de un patrón de pensamiento plenamente vigente en nuestro acontecer cotidiano, estilo fragmentario que también se manifiesta en las formas de transmisión del conocimiento. El conocimiento, tal como está establecido, se transfiere a partir de “paquetitos” llamados “definiciones”. Se espera que con la redacción o la memorización de estos paquetitos, especies de “quantos” del conocimiento, las personas dominen las ideas. Así como en la literatura los cuentos comienzan con el encabezado de “Había una vez”, o algo similar, en el ámbito de la ciencia y la enseñanza se espera que el conocimiento se exprese a través de definiciones cortas que comiencen con “Tal cosa es…”, seguida de una afirmación contundente que permita precisar la forma y la función del objeto o concepto definido.

Este estilo, generado por el patrón de pensamiento fragmentario instituido, es inoperante para expresar la totalidad o integralidad de la realidad humana y planetaria en sus diversas dimensiones, de modo que para percibir e interpretar las relaciones entre las ciencias, las humanidades, y el acontecer popular, deben buscarse otras formas de expresividad.

Por ejemplo, cuando una persona escucha una melodía que es de su agrado y esta le induce a evocar o imaginar episodios, ese estado de ensoñación, de disfrute ¿Se puede parcelar como un hecho generado por “las humanidades” (la música)? ¿Es objeto de estudio de la ciencia? ¿Cuál ciencia? ¿Psicología? Se producen estados afectivos y se generan procesos imaginativos, ¿Neurociencia? Se disparan anclajes neurolinguísticos, ¿Economía? Es un éxito comercial. ¿Sociología? Se produce una influencia cultural. La multiplicidad de enfoques puede ser muy heterogénea y las relaciones entre las diversas ciencias resultar muy engorrosa.

Desde el paradigma de la separatidad, donde la súper especialización generó islas de conocimiento y de lenguaje, el camino a la interpretación de la integralidad es imposible. Hay un camino más corto, aunque no necesariamente más simple, que es dejar de ver las separaciones, y más aún, evitar separar en fragmentos aquello que está unido para luego remendarlo. A veces parece que a la iniciativa de separar el conocimiento en especialidades, para estudiar mejor cada una de las ”piezas” de la realidad, le sucedió como al inexperto que desarmó una máquina en sus diversos componentes para conocerlos y luego no pudo volver a armarlos, dejando esparcidas las piezas. En ningún momento debe perderse la perspectiva de que la idea es que la máquina funcione, y si se quieren comprender sus piezas, el objetivo debe seguir siendo que funcione.

Así, el interés fundamental del conocimiento debería ser que la dinámica de las relaciones humanas genere efectos positivos para los individuos, los pueblos, y su entorno natural, más que producir y almacenar conocimientos sin que se puedan lograr con ellos frutos de felicidad y prosperidad para individuos, pueblos y ambiente. Es decir, una vía diferente a la de producir definiciones que expliquen en paquetitos conceptuales las relaciones entre ciencias y humanidades, es producir acciones que generen conductas favorables al logro de los objetivos de las humanidades y las ciencias, según señalamos en el párrafo 4, es decir, cultivar una subjetividad perfectible para formar seres humanos capaces de integrarse e influir sobre su entorno de forma constructiva. Las humanidades se orientarían al cultivo de la subjetividad, y la ciencia, a la sistematización del conocimiento y la formación técnica, lo cual pudiera lograrse si las personas vencieran el afán de protagonismo y supremacía que se genera cuando se consideran a si mismos poseedores de méritos y verdades, causas efectivas de la separación.

Dar definiciones en paquetitos, tras seguir el rigor del método científico, no produce la experiencia íntima generada por la lectura del poema favorito, el disfrute de una hermosa melodía o una buena película, así como tampoco puede influir en las etapas formativas de la personalidad, infancia o adolescencia, con el mismo alcance que si pueden hacerlo, si se lo proponen, las humanidades. De igual forma, la pericia técnica y la precisión del conocimiento que se requiere para alcanzar el pleno dominio de una realidad objetiva lo provee mejor la ciencia, de modo que separarlos rompe la funcionalidad humana.

El hábito de conceptualizar para ejercer dominio sobre el pensamiento hace suponer que toda redacción que respete las reglas gramaticales es un concepto. Definiciones y conceptos van y vienen, y con ellos, toda clase de pugnas y discordias, otra razón más para evadir el conceptismo. ¿Cómo entonces damos sentido a los actos cotidianos con los cuales se construye la realidad? La sabiduría indígena es poco parlanchina, y revolotea poco sobre los conceptos, más dada a comprender y expresar la relación con el entorno que con el dominio ideológico; así, por ejemplo, la etnia Kari’ña, enclavada en la Mesa de Guanipa al sur-oriente de Venezuela, expresa de manera breve la relación entre el pensamiento, la acción y la intencionalidad de las personas:

“Las creencias se expresan en el trabajo, a través del cual se transmiten los valores”.

En base a ello, el título de este trabajo, EDUCACIÓN PARA LA SOCIABILIDAD: MISIÓN AMÉRIKA, espera transmitir la experiencia desarrollada en el ámbito de origen de la co-autora, con la asesoría del co-autor, más que emitir conceptos. La creencia de que con ellos se transmiten verdades genera separaciones, pugnas y confrontaciones que suelen impedir el diálogo, por ello, el escribir estas líneas se hace con la idea de que el lenguaje cumpla la función de comunicar procesos reflexivos e imaginativos, no verdades, y  compartir experiencias que los lectores no pueden presenciar. Así, la definición de lo que quiere la “Misión Amérika” no es una verdad que pugne por conquistar un sitial de aprobación social, sino una forma de identificar una propuesta de acción que ya existe y que está generando frutos. En este sentido, si existe una definición de lo que busca, más que lo que es, la misión. ¿Qué busca o que se propone esta “Misión”?

Invita a reflexionar sobre la realidad humana que configura el continente, descendientes como somos de un proceso socio-histórico doloroso y complejo, enraizado en la confrontación de tres vertientes culturales disímiles y en el continuo flujo de un conglomerado humano en tránsito, como es la permanente inmigración dada en el continente a partir de su conversión en “América”.

El proceso como tal es irreversible, no así su comprensión, factible de reinterpretarse. Este es un aporte de la ciencia, ya que la psicología, cuando espera sacar a una persona de un estado depresivo o alterado a causa de un episodio traumático, provoca la reflexión y reinterpretación para generar nuevos estados emocionales. A la par puede también considerarse un acto de humanismo, pues no mediando intereses comerciales, el deseo de cooperar con la recuperación de quien necesita ayuda  desdibuja las fronteras que separan ciencias y humanidades.

La América fragmentaria, segmentada en la asimetría de la dominación, fundamentada en la supremacía de unos grupos humanos sobre otros, la muerte, la manipulación, la desorientación y el desarraigo, niega el sentido de pertenencia histórica que tanta fuerza da a los pueblos. Es menester, pues, que los descendientes de este proceso tomemos parte en la configuración del sentido de identidad y pertenencia que requieren nuestros pueblos para contribuir al desarrollo de la humanidad. La rabia, la lástima, el conformismo o el olvido no son opciones. Hay que propiciar conciencia y reivindicar. La problemática contemporánea lo demanda, ¿y cómo?

El debilitamiento de los habitantes primigenios, la incorporación forzada de individuos negando su sentido de humanidad, la dispersión propia de la inmigración, y la opresión como control social, propiciaron la siembra de la falsa identidad que por siglos ha identificado el continente con los afanes de expansión y la conflictividad de las culturas anglosajonas y grecolatinas, y no con la historia y el paisaje continental, compenetrado con el respeto a la armonía de la naturaleza. Por ello la “K”, más próxima a la fonética indígena que la “C”, representando con ello la presencia de la indianidad en el devenir continental, el reconocimiento de su génesis y el otorgamiento de su condición de anfitriones ante el proceso inmigratorio aún vigente.

Por otro lado, aunque el deterioro ambiental y social no es exclusivo del continente, desde acá se ha potenciado por la mentalidad e intencionalidad generadas en el proceso socio-histórico que desvinculó la identidad continental de su historia y su paisaje; el continente, al ser alterado y convertido en "América" se pobló de inmigrantes, con lo cual la identidad continental perdió sus raíces y se fragmentó. Corresponde a los descendientes de la resistencia indígena, de los negros libres, y de los inmigrantes conscientes, con todas sus mezclas, generar la identidad de Amérika, que desarrolle más sabiduría que poder para la manipulación y la destrucción, y hacer frente a los peligros de hoy respecto al deterioro del ambiente y la conflictividad social.

Así, dado que el proceso es irreversible, y que los aportes de las diversas vertientes forman parte de la realidad vital de nuestra esencia colectiva, la Misión Amérika propone cohesionar algunos aportes de cada vertiente, para intentar generar alguna referencia en la cual cada quien vea un poco de si mismo. Así, tras compartir experiencias y convivir con el quehacer de unas 15 instituciones locales (Mesa de Guanipa, Venezuela), se pudo observar que con la trayectoria de su trabajo (no con conceptos),  todas expresan la influencia de las diversas vertientes a través de:

La búsqueda del paradigma de la armonía del conjunto (aporte de las culturas pre-americanas), la alegría y la musicalidad como forma de resistencia (aporte de la negritud), y la necesidad de cuestionar y transformar que conllevó a producir aportes como la ciencia y la participación de la mujer en la construcción de la sociedad (aporte de occidente). Con ello la propuesta aspira contribuir a la búsqueda de coherencia en la fragmentada identidad del continente, por considerar que esta identidad fragmentada perjudica de forma drástica el bienestar de sus pobladores y la influencia que sobre el devenir de la humanidad se genera desde esta desintegración.

Entre otros valores que fomenta la Misión y que transmiten las instituciones incorporadas en una red que se reconoce como Red de apoyo socio-cultural-pedagógica de la Mesa de Guanipa, producto de esta Misión, están la valoración del individuo y sus relaciones consigo mismo y su patrimonio histórico, cultural y natural, así como la autogestión y la integración. Igualmente con su trayectoria, y no por adoctrinamiento, estas instituciones ponen en práctica ideas de 5 pensadores continentales: Simón Rodríguez (la principal educación que debe recibirse es la educación para la sociabilidad, que sostendrá cualquier otra), José Martí (insistir en una permanente campaña de ternura y de ciencia), Paulo Freire (la gente aprende una de la otra y construye socialmente sus conocimientos), Humberto Maturana (la coordinación de acciones a partir de la aceptación mutua fomenta la cohesión social) y Erich Fromm (conviene sincronizar las motivaciones personales con las del entorno para alcanzar estabilidad y desarrollarse).

De esta forma, los vínculos entre ciencias y humanidades se conjugan en la actividad de estas instituciones, las cuales promueven el cultivo de una subjetividad perfectible a través de la formación humanística, y la investigación y sistematización del conocimiento como forma de mejorar las relaciones y la influencia con el entorno, que es su identidad con la ciencia.

ANEXOS:

Resumen de 10 de las Instituciones:

Asociación Civil Programa Poéssica:

Salió a la luz pública en 1994, adquiriendo personalidad jurídica en julio de 2003. Se fundamente en recurrir a formas del pensamiento poético, como las metáforas y analogías, entre otros, para establecer puentes entre las ciencias naturales, las sociales y humanas, y la cultura popular, vale decir, relacionar especialistas de estas diversas disciplinas. Supone que las lesiones afectivas fragmentan el pensamiento y el conocimiento, y de esta fragmentación se genera la dispersión, la fragmentación y la conflictividad social, con todas sus consecuencias. A partir de allí, asume la restauración de las lesiones afectivas y la dispersión cognitiva a través de una intensa campaña de ternura y de ciencia (por la actividad investigativa y no por la reproducción de conceptos establecidos por la academia). Ha motivado la toma de conciencia sobre ir más allá de la cordialidad y asumir la sincronización y el esfuerzo conjunto interinstitucional como una forma de desarrollo particular y colectivo por parte de algunas instituciones locales. Actualmente motoriza la Misión Amérika, que tiene por finalidad restaurar el paradigma autóctono de la armonía naturaleza-individuo-sociedad a través de la acción cultural y educativa.

 

Fundación  ELIC

Brinda al niño la oportunidad para que desarrolle una visión objetiva e integral de las cosas que lo rodean, así como desarrollar su sensibilidad social espiritual y brindarle un adiestramiento práctico mediante la aplicación de los conocimientos adquiridos en la escuela, tomando en cuenta para ello, las modernas normas y técnicas psico - pedagógicas para cumplir con una labor formativa tecno-científica, complementaria a la escolar. La creación de las ELIC o Escuelas Libres de Investigación Científica para Niños se inició en Venezuela en Marzo de 1977, en Valera, Estado Trujillo, extendiéndose a Caracas, Maracay, otras ciudades de Venezuela, y países como Brasil y Bolivia, donde encontró aceptación y simpatía por parte del Gobierno, así como entre las familias y personas que se iban acercando, en las que se creó un incentivo de participación constante. Las ELIC se extendieron por numerosos países y ciudades de América, desde Chile hasta USA, y en 1991, dado su avance y crecimiento, el Dr. David Juan Ferriz Olivares decidió darle personería jurídica proponiendo a la Contadora María Nilda Cerf Arbulú, como Vice-Presidenta Fundadora Principal; ese año se constituyó como una Fundación, con sede mundial en Caracas. Nuestra localidad cuenta con una subsede en San José de Guanipa. Las ELIC han organizado el I, II y III Congreso Mundial para el Talento de la Niñez (Venezuela, México y Argentina, respectivamente).

 

Fundación Bichito de Luz:

Ofrece sus servicios a la colectividad desde 1996, aunque es en el año 2000 que se constituye legalmente como FUNBILUZ;  promueve el desarrollo cultural cultivando la sensibilidad y el pensamiento desde la temprana infancia, y para contagiar a otros promueve su trabajo por diferentes vías. Por la trascendencia de la lengua escrita en el establecimiento de proyectos de vida y en la organización social, en consonancia con la familia, la escuela y la biblioteca, se forjan entornos de lectores y productores de textos. Numerosos reconocimientos, como el Premio Arturo Uslar Pietri del Nacional, y el Premio Venezuela Competitiva, entre otros, la proyección internacional, la aceptación social y el bautizo de un tesoro de cuentos realizados por los niños (Cuentos para leer y soñar), se cuentan entre sus logros palpables, siempre con el respaldo de FUNDACITE-ANZOATEGUI, el CONAC, y la Biblioteca Pública AAA, entre otros aliados.

Ateneo de El Tigre

El Ateneo de El Tigre es la institución cultural más antigua de nuestra localidad, perseverando en sus actividades año tras año desde 1969. El Fondo Editorial Miguel Otero Silva publica los trabajos ganadores de las bienales de narrativa y poesía que se convocan anualmente (un año narrativa y el año siguiente poesía), asimismo, resulta de extraordinaria importancia la preservación de las tradiciones populares que realiza a través de los Velorios de Cruz de Mayo, Quema de Judas, Caballitos de San Juan y el Nacimiento Viviente, de importante impacto socio-cultural por su labor formativa dirigida a docentes y escolares. Igualmente, ofrece sus espacios para el desarrollo de diversas instituciones locales que así lo requieran. Numerosas exposiciones pictóricas, actividad teatral, cuenta-cuentos y talleres cumplen la función de difundir y consolidar su empeño en realzar y preservar las tradiciones. La actividad dancística ha permitido la proyección del Ateneo fuera de las fronteras nacionales y haber ganado el Festival Internacional de Danzas Juana la Avanzadora. La organización de festivales de joropo a nivel nacional y otros similares, complementan su intensa trayectoria.

 

Danzas Kamaanari:

Danzas Kamaanari, conjuntamente con el grupo de Danzas El Tigre, desarrolla su labor central desde el Ateneo. Cuenta con 9 años de funcionamiento, con el apoyo de la Fundación Cultural Escuela de Danzas Kamaanari (FUNCEDAK), conformada por padres y representantes de los niños y niñas componentes del grupo. Esta característica permite concebirlos como un sistema de organización social popular que obtiene sus logros y avances por el amor, el esfuerzo y la participación voluntaria y entusiasta de niños, jóvenes y adultos involucrados. Kamaanari centra sus esfuerzos en la investigación y montaje de la esencia folclórica nacional, para lo cual realiza viajes presenciales a las comunidades donde se reconozcan manifestaciones dancísticas genuinas, así, han visitado diversos estados, como Mérida, Miranda, Zulia, los estados llaneros y orientales, y en general, se movilizan a cualquier lugar del pais donde sobrevivan expresiones tradicionales de la danza. Cuenta para ello con el apoyo del Conac y de la Dirección de Cultura del estado, así como de toda institución que tuviere las posibilidades y el deseo de contribuir con este necesario objetivo, como es nuestra memoria dancística. Llevan a cabo también un intenso programa formativo en algunas escuelas de la localidad.

U.E. José Rafael Pocaterra:

El Pocaterra es otra de las instituciones locales ganadas para la humanización y la armonía social, y como todo el que trabaja por estos objetivos, tuvo un comienzo difícil. Desde su fundación, en 1989, debió sobreponerse a comentarios de incomprensión por parte de quienes suponían que su estilo respetuoso y amable era “vivir fuera de la realidad”. Para muchas personas el sentido de la vida es adaptarse a lo que ven, aun cuando sea inadecuado o injusto. Para otras, se trata de construir la realidad con esfuerzo, teniendo como base los anhelos, valores y necesidades de las personas desde la más temprana infancia. En el Pocaterra creen en su esfuerzo, no claudican ni se doblegan ante dificultades o injusticias para “adaptarse”. Su didáctica feliz tuvo presencia en el II Congreso Mundial para el Talento de la Niñez, realizado en el Tecnológico de Monterrey, México, en el año 2002, donde llamó la atención por algunos de sus programas, como son el niño protagonista, los juegos intertribus y el niño cartero. Fueron también ganadoras del Premio Colibrí Martiano, como testimonio colectivo de la labor institucional.

 

Taller Laboral Bolivariano AGUAPANE (TLBA):

El TLBA lleva a efecto el artículo 81 consagrado en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela: “Toda persona con discapacidad o necesidades especiales tiene derecho al ejercicio pleno y autónomo de sus capacidades y a su integración familiar y comunitaria. El Estado, con la participación solidaria de las familias y la sociedad, les garantizará el respeto a la dignidad humana, la equiparación de oportunidades, condiciones laborales satisfactorias, así como promover su formación, capacitación y acceso al empleo acorde a sus condiciones, de conformidad con la Ley”.

El TLBA atiende aspectos diversos, como la salud, la integración, el deporte, la cultura, la alfabetización, así como la capacitación en áreas laborales productivas como la herrería, la horticultura, el modelado del barro, cocina, decoración de fiestas y eventos, cerámica, cría de aves para el consumo y moldeado de cemento. Participa continuamente en jornadas comunitarias, ferias y eventos diversos atendiendo invitaciones de diversas instituciones locales que reconocen sus productos como competitivos respecto a los de personas sin necesidades educativas especiales, lo cual es, sin lugar a dudas, una demostración del éxito del TLBA.

Escuela de Ajedrez Alfredo Armas Alfonzo

Brinda espacios para la enseñanza y práctica diaria del ajedrez en El Tigre. Participa en eventos locales, regionales, nacionales e internacionales. La representación de un ajedrez viviente en el I Encuentro del Archivo Colibrí Martiano (nov 2004) dió a la escuela nuevos espacios de crecimiento y participación, incorporando con ello la formación artística y social, como parte de su hacer cotidiano.

 

UNUMA:

Unuma significa grupo de personas, comunidad, en la lengua de Amazonas. Es una sociedad civil que brinda apoyo al indígena; comenzó en 1992 en Ciudad Bolívar, en el Centro Multiétnico “La Churuata”, conjuntamente con un grupo de hermanos pemones que comenzaron con la parte lingüística y fonética internacional. El trabajo consiste en la elaboración e ilustración de material de lectura en lengua indígena. La comunidad Kariña ha elaborado un libro tridimensional  Areemi iyyomeero Paraaná aküürü que significa Areemi  y el encanto del mar, y trabaja sobre el cuento Tüde’poman iyyumero yelpo’non”, que significa con y sin hueso. Los niños y niñas indígenas realizan sus propios libros de lectura a través de la ciencia y la tecnología (Computadoras). Cuentan con un laboratorio de 20 computadoras en Kaashama y Tascabaña.

Biblioteca Pública Alfredo Armas Alfonzo:

La Biblioteca Pública de El Tigre emergió del intenso esfuerzo colectivo de los componentes sensibles y pensantes del pueblo, e implicó una intensa movilización de individualidades. Nuestra biblioteca, al igual que otras de nuestras diversas instituciones, se caracteriza por adelantar actividades poco usuales dentro de su habituidad. Así, más que atesorar libros, se ha convertido en un agente de cambio social que invita a la cordialidad y el encuentro. Es un centro de cultura comunitaria que incentiva el desarrollo de la actividad intelectual local. La permanente insistencia de su directora (Edna de Vallenilla), en la cultura de aliados, ha contribuido firmemente a compensar la tendencia fragmentaria y la pugnacidad del sector cultural local y la  dispersión del sector pedagógico, por lo cual fue pensable la posibilidad de las redes.

 

 

Es importante destacar que la población de El Tigre, asentada en la zona de la Mesa de Guanipa, tiene aproximadamente 72 años de existencia, la cual se le reconoce a partir de la explotación de un pozo petrolero (Pozo OG-1). En este sentido, por su condición de pueblo minero, por la población transeúnte y proveniente de diversos puntos del país  y del mundo, y su surgimiento con fines lucrativos, la tendencia general de las institucionalidad local es hacia la dispersión y la fragmentación, por lo cual lograr la toma de conciencia de la integración social de las diversas instituciones mencionadas reviste grandes dificultades. Estas dificultades se han ido superando paulatinamente y se aproximan a su consolidación con la existencia de la Red. Y, como se mencionó en los párrafos iniciales, conservar la vitalidad del cuerpo social, a través de la aplicación indiferenciada o sincrónica del humanismo y de la ciencia ha prevalecido sobre la producción de conceptos que lo expliquen, los cuales muy probablemente generarían pugnas por determinar cuál sería “el más adecuado”. Por otro lado, para un gran número de actividades de la red se cuenta con el apoyo de la Fundación para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología del Estado Anzoátegui (FUNDACITE), y del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC), lo cual deja en evidencia la participación de las vertientes científicas y humanísticas de este colectivo.

 

Estela Bastardo.

Asociación Civil Programa Poéssica.

Venezuela.