LIDERAZGO Y LITERATURA
Eduardo A. Castro, INIFTA, División Química Teórica, Suc.4, C.C. 16, La
Plata 1900, Buenos Aires, Argentina
e-mail: castro@quimica.unlp.edu.ar
INTRODUCCIÓN
Las
nociones de liderazgo y literatura son muy amplias, por lo cual se hará
necesario definirlas a los fines de contextualizarlas
dentro de la temática desarrollada en este artículo. En modo alguno ellas
pretenden ser las mejores ni resultarán de un estudio exhaustivo de las variadas
posibilidades que existen al respecto. Como la pretensión del autor es señalar
y discutir ciertos nexos existentes entre ellas, resulta obvia la necesidad de
precisar dichos significados. Esta restricción derivada de un par de
definiciones, en modo alguno habrán de restarle amplitud al tema objeto de este
trabajo y sólo se pretende saber de qué se está hablando cuando se usen los
términos mencionados.
Probablemente
el proceso más potente y notable que hoy enfrenta la humanidad es una suerte de
despertar a escala planetaria, el cual se ha ido preparando y germinando
durante mucho tiempo. Los seres humanos nos encontramos en medio de un profundo
avance como especie que parece orientarse hacia una forma de conciencia global,
el cuál fue emergiendo paulatinamente a través de diversas culturas, religiones
y modos de concebir nuestra existencia a lo largo de varias centurias. Este
despertar de una nueva conciencia planetaria se puede percibir como un
desplazamiento y una maduración de estructuras de vida egocéntricas e
individualistas a formas más amplias e integrales de considerar, sentir y vivir
la experiencia humana. En buena medida se pueden comprender muchos de los
dramáticos hechos contemporáneos, ya sea a nivel individual como colectivo,
como una crisis existencial derivada de una visión estrecha que ya no puede
ajustarse al desarrollo de los acontecimientos y las necesidades humanas. La
fragmentación de la vida en un sentido de ruptura y de resquebrajamiento, la
alienación del hombre que le hace sentirse un extraño a sí mismo y las
patologías diversas a nivel individual y colectivo, son algunas de las
manifestaciones evidentes que a diario se proyectan en forma despiadada tanto a
nivel individual como colectivo.
Las grandes tradiciones espirituales de la humanidad han
predicado desde siempre que la clave de nuestra supervivencia armónica y el
mantenimiento de una sustentabilidad floreciente
depende de la evolución consciente tendiente a desarrollar estructuras vivenciales más amplias y en consonancia con nuestra
verdadera naturaleza moral, racional y espiritual como especie humana. Este
salto como especie hacia una conciencia global implica en encuentro directo y
una co-creación original de las diferentes maneras de
concebir nuestro mundo, los cuáles son el basamento mismo de las diferentes
corrientes religiosas, filosóficas y sociales. A este respecto es evidente que
la fuente primaria de la violencia crónica y la ruptura de las relaciones
humanas están fundadas en el enfrentamiento de estructuras egocéntricas,
derivadas de un sentido de posesión personal de los bienes, de una concepción
puramente individualista de la vida y de una postura egoísta respecto del
desarrollo humano [Gangadean, 2004].
Una clave para poner fin a tanta violencia y desajustes
sociales derivados del enfrentamiento de culturas diversas y un avance
concomitante hacia prácticas pacíficas, colaboraciones constructivas y un
florecimiento general es nuestro involucramiento como
seres humanos de modo tal que podamos vivir en una atmósfera de diálogo y
entendimiento mutuo. Se puede pensar que este proceso de transición de la
especie humana ha llegado a un punto crítico y que la opción más importante que
tiene la humanidad es enfrentar los hechos y promover toda clase de esfuerzos para
alimentar esta tendencia inevitable hacia el despertar de una conciencia
global. Obsérvese que se asume que el proceso marcha en un determinado sentido
y que nada ni nadie podrá detenerlo. Esto no implica fatalismo histórico alguno
ni designio predeterminado, sino una simple consecuencia del devenir de los
hechos. De acuerdo al modo como lo asuma la humanidad resultará de una manera u
otra y en tal sentido, le queda al hombre la libertad de escoger el modo de
marchar hacia el futuro.
Muchos líderes mundiales coinciden en afirmar que la
forma en que nosotros desenvolvamos nuestra vida de un modo consciente en los
próximos años será decisiva para que todo el proceso se oriente de un modo
constructivo y benéfico o, por el contrario, de una manera caótica y extremadamente
violenta. Este desafío demanda de un nuevo despertar y un quehacer consecuente
sin precedentes centrado en la conciencia global, dónde las futuras
organizaciones desempeñarán un papel relevante en la plasmación de nuestras
mejores posibilidades y la búsqueda de modos apropiados que propendan y ayuden
a lograr el florecimiento de una auto-transformación colectiva. En efecto, al
considerar esas acciones pertinentes, no se puede pensar en hacerlo
exclusivamente a nivel individual, sino que la manera más lógica es por medio y
en medio de agrupamientos humanos adecuados a estas nuevas necesidades. Y aquí
vuelve a cobrar relevancia el tema de las organizaciones actuales y el
liderazgo apropiado, ya que es notorio el desfasaje
existente entre nuestras actuales necesidades, nuestros modos de actuar,
nuestras reales posibilidades y lo que resulta de nuestro accionar. Muchos
líderes de todas partes del mundo con una aguda visión de futuro consideran que
la forma en que nosotros desarrollemos una vida cultural plenamente consciente
en los años venideros serán decisivas para poder encauzar apropiadamente
nuestro desarrollo humano. Y como parte esencial de esa vida cultural vigorosa
y plena se encuentran la formación, estructuración y manejo de las organizaciones
y el especial papel que les toca desempeñar a los líderes contemporáneos.
LAS ORGANIZACIONES ACTUALES Y EL LIDERAZGO APROPIADO
Uno de
los aspectos claves en este quehacer contemporáneo en pos de lograr una
conciencia global es el tipo de organizaciones que se desempeñan en el campo de
las actividades humanas [Morgan, 1986]. Las
estructuras propias de las organizaciones se pueden considerar desde varios
puntos de vista y asimismo existen distintas clases de ellas.
Las organizaciones constituyen
fenómenos complejos y paradójicos, y ellas pueden comprenderse en muy distintas
maneras. El empleo de diferentes metáforas aplicadas a la comprensión del
carácter de las organizaciones hace posible avanzar significativamente en dicha
labor, por caminos que no sería factible explorar si aquellas no fueran
exploradas y aplicadas. Es cierto que hay cierta clase de metáforas que son muy
familiares (digamos la mecanicista, por citar la más sencilla), pero otras
pueden estar algo alejadas del pensar ordinario (citemos el caso de la imagen
de la organización como un instrumento de dominación). La selección de un
cierto número de metáforas (o modelos) sirve para abarcar un rango de ideas y
perspectivas, pero en modo alguno agota las posibilidades de ellas. Por tal
motivo es importante comprender que el modo de análisis basado en el uso de
metáforas reside básicamente en un modo de pensar antes que en una aplicación
mecánica de un determinado conjunto de estructuraciones analíticas.
Esta forma de encarar la comprensión de las
organizaciones ayuda a aprender a tratar con lo complejo de ellas y no quedarse
en la mera excusa de que al ser complejas, ambiguas y paradojales, ellas son de
una casi inaccesibilidad a la comprensión y al manejo consecuente. Los buenos
líderes y los dirigentes efectivos en todos los campos del quehacer humano
saben por experiencia que las nuevas visiones acerca de una determinada
situación emerge en la medida de que uno sabe leer tal situación desde ángulos
variados y que en consecuencia una capacidad de lectura cognitiva amplia y
variada puede crear un rango amplio y variado de posibilidades de acción. Este
concepto de lectura debe entenderse como visión de la organización y también
debe dársele el significado ordinario, tal como quedará claramente explicitado
más adelante al considerar la importancia de la literatura en el quehacer
organizacional y el eficaz desempeño del líder.
Una posible crítica a esta forma de concebir el desempeño
del líder y la concepción de la organización es que es demasiado teórico, que
la apelación a metáforas es un recurso rebuscado y que, después de todo son
formas elegantes de perder el tiempo. Sin embargo, esta forma de pensar es
claramente falaz, pues si bien las imágenes, los modelos y las metáforas organizacionales
con estructuraciones conceptuales de carácter teórico, la práctica nunca está libre de la teoría, puesto que
siempre el quehacer humano está guiado e inspirado por la imagen de lo que uno
desea realizar. Después de todo, vale el dicho de Kurt
Lewin de que “no hay nada más práctico que una buena
teoría”
Más allá de las distintas variantes posibles, es
innegable que los nuevos tiempos requieren nuevas formas de organización y bien
podría decirse que, aunque en estado embrionario, esas nuevas estructuraciones
ya existen. Sin embargo, el problema central en este asunto es la carencia de
liderazgos apropiados. En efecto, es notable verificar que muchos problemas de
la sociedad contemporánea surgen de una clase dirigente que està
mal preparada para ejercer un liderazgo apropiado para enfrentar con el caos y
la complejidad del mundo actual, dónde muchas cosas suceden en forma demasiada
rápida [Houston, 2004]. Esto no es una mera cuestión de mala preparación para
enfrentar las realidades de un cambio global, sino que se debe a una falta de
recursos humanos intrínsecos, por lo cual los líderes viven en un campo de
conciencia que se muestra limitado e incapaz de tratar eficazmente con las
realidades del mundo tal como ellas se presentan. En todo el mundo se puede
escuchar un clamor de asistencia en la transformación cierta de sus ciudadanos,
sus organizaciones y sus instituciones. Lamentablemente, los líderes que tienen
la responsabilidad de corporizar y encauzar esos cambios están impedidos por su
formación personal, lo cual los hace incapaces de explotar los recursos
asequibles y encontrar nuevas vías de desarrollo. La densidad y profundidad de
la aldea global y las consecuencias desafiantes de los nuevos conocimientos y
tecnologías asequibles nos impelen a ser conductores de nuestro mundo, el que
hasta hace poco nos ha dirigido a nosotros. Resulta alarmante la carencia de
artistas sociales (i.e. facilitadores expertos,
líderes hábiles y emprendedores eficientes) para orientar y facilitar el acceso
a nuevos valores y prácticas consecuentes. Las fórmulas usuales y las
soluciones circunstanciales, propias de una época pasada no nos ayudarán en
esta búsqueda necesaria de caminos idóneos en esta nueva era.
EL LIDERAZGO CONTEMPORÁNEO
El
concepto de liderazgo ha cambiado mucho desde los lejanos días de la sociedad
industrial. Los líderes ahora deben enfrentar el hecho de que vivimos una era
de la información, en la cual el conocimiento necesario para que las
organizaciones se desenvuelvan eficientemente está dispersado en todos los
ámbitos de aquellas y la tarea a este respecto es saber detectarlo y poder
usarlo adecuadamente. La vieja aproximación al liderazgo centralizado y
directivo ya no es efectivo. En esas épocas era suficiente que unos pocos
directivos y especialistas poseyeran los conocimientos básicos y los controles
apropiados para implementar las tareas organizativas. Estas pocas personas
consideraban los problemas, planeaban las acciones necesarias, daban las
órdenes para ejecutarlas y era esperable que ellas se cumplieran. Pero las
condiciones imperantes en el mundo, los avances tecnológicos registrados, las
nuevas concepciones asociadas ala misma persona humana, han cambiado a tal
punto que hoy es necesario para el líder actuar en forma mucho más integrada y abarcativa. Para alcanzar un apropiado grado de
efectividad, el líder necesita imperiosamente comprender las nuevas condiciones
de contorno, algunas de las cuales son sutiles y aprehender varios de los
nuevos valores que definen la misma condición humana.
Este cambio de paradigma se enuncia en forma
relativamente sencilla, pero para el líder es mucho más difícil internalizarlo y llevar a cabo las acciones adecuadas. La
fantasía heroica, novelesca e impetuosa de aquel que está a la cabeza de una
columna de ataque y que le grita a sus seguidores “Soldados, al ataque” ya no
es válida. En su lugar, el líder necesita conocer las capacidades de las
personas, ser sensible al estado general de los grupos, detectar el tipo de
actitud de los miembros de la organización, impulsar a la acción por los medios
más adecuados, explicar todo aquello que sea necesario para que se comprende el
porqué de ciertos cursos de acción en vez de otros alternativos, estar abierto
a la retroalimentación y tener el “timing” apropiado
en situaciones críticas.
Son muchos los aspectos dignos de señalarse en esta nueva
perspectiva de lo que constituye el liderazgo contemporáneo. A modo solamente
ilustrativo y sin tener en modo alguno la pretensión de ser exhaustivo, podemos
señalar algunas de las nuevas condiciones y características peculiares que
alcanzan a definirlo [Zand, 1997].
El Conocimiento: En
toda organización moderna el potencial de conocimiento está distribuido entre
todos los miembros de aquella. Además esta distribución no es homogénea y
cuantitativamente difiere mucho entre las personas consideradas a nivel
individual como en los equipos de trabajo conformando diferentes grupos. Una de
las tareas centrales del líder es conocer esta distribución, ya que no alcanza con
dar una directiva y esperar que ella se cumpla. Naturalmente que las directivas
son necesarias, pero al mismo tiempo se debe entender que su comportamiento y
sus actitudes influirán marcadamente sobre los destinatarios de las
indicaciones y la disposición que ellos tengan para cumplimentarlas a fin de
lograr el objetivo señalado. El conocimiento es un bien que resulta fluido,
elusivo e intangible. Comprender la manera en que la gente crea y aplica el
conocimiento en una organización
requiere una real revolución en la forma de considerar el liderazgo. El
conocimiento se desplaza a una velocidad fantástica, pero puede bloquearse por
acción de una barrera emocional. Puede iluminar a todas las operaciones de la
organización, pero puede estar fácilmente guardado si la gente no quiere que el
líder lo perciba.
La
gente que compone una organización constantemente adquiere y genera un caudal
de conocimientos valiosos vinculados a sus quehaceres específicos, fruto de la
experiencia cotidiana. Pero esos bienes tan valiosos pueden permanecer ocultos
y resultar inaccesibles a los líderes sin éstos no saben generar las
condiciones adecuadas para que ellos se manifiesten y comuniquen de modo
apropiado. En esta época contemporánea, los líderes necesitan activar ese enorme
potencial de nuevos conocimientos y pensamientos creativos a todos los niveles
y en todas las zonas de la organización.
El Debilitamiento de las Posiciones de
Poder: En el pasado, el poder formal que detentaba un líder determinaba el
grado de efectividad e influencia que este podía poseer en el quehacer
organizativo y el éxito consecuente de los logros establecidos. Esto va siendo
cada vez menos cierto. En efecto, aquellos líderes con posiciones de poder
formal que no saben movilizar el potencial de la organización, en términos, por
ejemplo, de nuevos conocimientos, desarrollo de capacidades, confianza de la
gente, creación de una atmósfera grata y amigable de trabajo, pueden ver que el
emprendimiento marcha fatalmente hacia el fracaso y en el mejor de los casos
hacia un andar muy defectuoso y parcial. Los líderes no pueden dar por cierto
que ellos solos o con sus grupos dirigentes, poseen todo el conocimiento y las
capacidades ejecutivas para que se alcance el éxito del emprendimiento.
Los
entornos cambian muy rápidamente, las nuevas posibilidades en todos los campos
se abren de continuo y las necesidades de aquellos a quienes sirve la
organización son fluctuantes y por ello se debe tener acceso a un gran número
de recursos para adaptarse a las nuevas condiciones y requerimientos, gran
parte de los cuáles están localizados dentro de la misma organización. Si el
líder no esta ubicado de modo tal de poder tener acceso a esos bienes
intrínsecos, entonces no tendrá posibilidades de hacer frente a lo que se requiere
de esa particular organización.
Liderazgo Compartido y Liderazgo
Personalizado: Entre las suposiciones tácitas implicadas en las formas antiguas de
liderazgo se encuentra la del liderazgo personalizado, o sea la corporización en una sola persona de la labor de
conducción. Era dable suponer que al enfrentarse con la tarea de orientar a la
organización y promover la ejecución de los planes establecidos, el líder no
tiene tiempo para ocuparse de consultar, discutir, consensuar
y madurar colectivamente todos aquellos quehaceres propios de la dirección. Se
suponía que los ejecutivos principales debían impulsar las acciones de un gran
número de personas y no enfrascarse en el trabajo propio de los círculos
reducidos. Sin embargo, estas presuposiciones y la misma experiencia
organizacional se han ido modificando y actualmente está probado que son
incorrectas cuando se las considera y aplica a ultranza. En efecto, las
complejidades de nuestra realidad así como lo imbricado de las situaciones a
enfrentar hacen necesario apelar al trabajo en equipo para poder resolverlas y
determinar los cursos de acción más apropiados. Además, cuando llega a
conformarse un verdadero equipo de trabajo gerencial, esta estructuración es
mucho más efectiva y fructífera que la mera acción personalizada.
Aquí vale la pena destacar que una cosa es un grupo de
personas y otra muy distinta un equipo de trabajo. El grupo se conforma a
partir de una convocatoria para determinados fines y puede o no llegar a
establecer un grado de coherencia y efectividad apropiados, en tanto que un
equipo parte de la constitución grupal, pero a través de una adecuación a los
fines establecidos, una responsabilidad compartida y un trabajo mancomunado
llega a constituirse como un cuerpo armónico y organizado, en el cual se plasma
un verdadero espíritu de cuerpo. Un equipo de liderazgo puede entenderse como
un pequeño número de personas con capacidades y habilidades complementarias que
se encuentran comprometidas con un propósito común, con procedimientos afines y
con una filosofía de trabajo, de la cual todos ellos se sienten igualmente
responsables.
Sin embargo, debe aclararse que si se toma esta opción
como la única viable, pueden reiterarse errores propios de toda apostura
extrema. Si se ha destacado que la única posibilidad válida de liderazgo es la
personalizada, ello acarrea serias limitaciones en el desenvolvimiento de una
organización, lo mismo puede ocurrir cuando se piensa que lo único viable y
eficaz en la labor directiva es la que pueda concretarse a través de grupos de
conducción. En efecto, lo deseable es alcanzar un equilibrio entre ambas
estructuraciones y llegado el caso poder llevar a cabo la labor de liderazgo a
partir de un accionar uni-personalizado tanto como el
derivado de un quehacer de equipo. Hay situaciones dónde se requiere una acción
rápida en lo referente a la toma de decisiones y/o asumir una seria
responsabilidad en relación a ciertos cursos de acción, las cuáles podrían
verse marcadamente impedidas si se apelara a la acción de equipo como único
recurso válido [Katzenbach, 1998].
Moverse entre los opuestos: A
medida que aumenta la turbulencia en los acontecimientos humanos, más complejo
resulta el mundo y se incrementan las paradojas organizacionales. Las
contradicciones, las inconsistencias, los dilemas, los pares de opuestos y las
polaridades abundan en esta época. Las organizaciones exitosas no sólo saben
enfrentar a las paradojas sino que también sacan provecho de ellas [Handy, 1994]. Se ha dicho que la prueba capital para
verificar si una inteligencia es cierta es la habilidad para sostener dos ideas
opuestas en nuestra mente y al mismo tiempo mantener la capacidad para
funcionar. Por otra parte, resulta del todo obvio que la vida está cimentada en
la coexistencia de opuestos: macho y hembra, vida y muerte, bien y mal, joven y
viejo, pasado y futuro, conciencia y voluntad, pequeño y grande, onda y
materia, luminoso y oscuro, etc. Una de las más sorprendentes en el campo de la
Física es la noción de vacío y de compacto. En efecto, la misma constitución de
la materia está fundamentada en la estructura de los átomos, lo cuales están
compuestos por un núcleo central y electrones separados por distancia enormes,
que le dan un carácter de vacío a la estructura molecular. Uno debe vivir con
lo paradojal, aceptarlo, tratar con ello, darle un sentido y usarlo para
encontrar modos operativos apropiados y útiles. Es cierto que convivir con las
paradojas no es confortable ni fácil, pero ello se debe a una ignorancia básica
acerca de todo aquello que parece conocido, cierto e irrefutable y que sin
embargo desconocemos esencialmente y/o nos esforzamos por ignorar por completo.
Probablemente
el caso más dramático que ilustra lo antedicho sea la misma muerte. En efecto,
los seres humanos vivimos de espalda a la muerte, pretendiendo que no existe o
que, en el mejor de los casos, advendrá algún lejano día que deseamos que
llegue nunca. Resulta a todas luces claro que esta actitud conlleva un grado
inaudito de infantilismo humano y es harto ridícula, pero ello no evita que la
mayor parte de los seres conscientes nos mantengamos en tal postura. Pero lo
cierto es que cuando se pueden ver objetivamente las paradojas que existen, el
mundo se aprecia de un modo totalmente distinto, menos amenazante, desprovisto
de muchos fantasmas que nos atosigan a diario y que emerge una visión más
amplia, madura y adaptada a los mismos sucesos, que pierden así una gran
proporción de misterio y carácter enigmático. Esto es particularmente
importante pues nos ayuda a movernos mejor dentro del campo de los sucesos y
tener un mayor grado de control del acontecer diario. Y esto es precisamente lo
que hacen las compañías exitosas. Por cierto que este concepto de éxito es
relativo y al mismo tiempo posee un grado manifiesto de fragilidad. Pero la
vida misma es frágil y no puede pretenderse un carácter absoluto, una seguridad
a ultranza y certezas completas en un mundo que no lo es.
Las
consecuencias de lo anterior para la vida de las organizaciones y el papel que
desempeñan los líderes son muy relevantes. En efecto, ahora es necesario vèrselas con los cambios abruptos, rápidos e inesperados
que nos rodean por doquier y dar respuestas consecuentes a las complejidades
que nos rodean. Si se puede precisar una razón central del porqué del fracaso
de ciertas organizaciones, ella se puede focalizar en mantener una actitud y
las políticas directivas consecuentes afines a ignorar estas paradojas,
pretender eliminarlas, fijarse en rutinas establecidas por el uso que pudieron haber
sido exitosas o adecuadas en el pasado, pero que ahora se revelan como
totalmente inadecuadas.
Al
mismo tiempo y en marcado contraste con lo anterior, han emergido una cantidad
de organizaciones adaptadas a los tiempos que corren, que bien pueden denominarse
“compañías dialécticas” que no enfrentan pasivamente las paradojas existentes,
sino que aceptan y se manejan con los opuestos como un medio de encontrar las
mejores maneras de cumplir con sus respectivas misiones y responder al desafío
de un desarrollo permanente [Takeuchi & Nonaka, 2004]. Ellas abrazan activamente los opuestos y
cultivan positivamente las contradicciones, usando intensamente a las paradojas
como una invitación para encontrar el camino óptimo en el proceso de desarrollo
y funcionamiento regular.
En Pos de la Excelencia: Entre
los requisitos básicos que debe satisfacer una organización para poder
sobrevivir y actuar armónicamente se encuentra la excelencia. No se trata
simplemente de hacer las cosas, ni siquiera hacerlas bien. La demanda de los
tiempos actuales es hacerlo excelentemente. Esta condición parecería ser un
tanto extrema y su imposición, una suerte de condicionamiento muy fuerte y en
muchos casos inalcanzable. Sin embargo, las necesidades de la hora actual lo
requieren y además es posible concretar las tareas en esos términos. La
Programación Neurolingüística (PNL) se ha encargado
de mostrar qué es la excelencia, su importancia y la manera de acceder a tal
grado de consumación vivencial y organizativa [O´Connor & Seymour, 1993]. En
este contexto será suficiente que destaquemos que la excelencia es el resultado gradual de querer
siempre hacer mejor las cosas y que la PNL es el arte y la ciencia de la
excelencia, y constituye un modelo de cómo las personas estructuran sus
experiencias individuales de vida. Por otra parte, la PNL posee un carácter
eminentemente práctico y en tal sentido es un conjunto de actitudes,
habilidades y técnicas para pensar y actuar en forma efectiva en los distintos
ámbitos del quehacer humano. El propósito de la PNL es ser útil, incrementar
las opciones de desarrollo humano y mejorar la calidad de vida, a la vez que
propender al logro de una capacidad de relacionamiento
humano más amplio y fructífero.
En la
faz organizativa son muchos los aspectos que se pueden destacar, y aquí nos
centraremos en una breve reseña a las siete componentes básicas de los equipos
efectivos que son necesarias para ir alcanzando gradualmente un grado de mejora
apreciable [Huszczo, 1996]:
a)
Un claro sentido de dirección
b)
Miembros talentosos
c)
Responsabilidades bien definidas
y desafiantes
d)
Procedimientos operativos
razonables y eficientes
e)
Relaciones interpersonales
constructivas
f)
Sistemas de retroalimentación
activos
g)
Relacionamiento
externo constructivo, tanto dentro como fuera de la organización.
En
relación a nuestro tema particular, el papel de liderazgo en la tarea de
impulsar equipos de trabajo que satisfagan estas condiciones no es cosa fácil
ni directa. Se puede establecer una analogía entre el desarrollo de equipos
efectivos de excelencia y mantener un jardín. Si uno quiere tener un jardín
lleno de flores y con un aspecto bonito, no se trata solamente de comprar
semillas valiosas y arrojarlas al terreno, quedándose a la espera de que ellas
germinen y florezcan. En efecto, para lograr los resultados esperables, se debe
escoger una porción de terreno una adecuada porción de luz solar durante parte
del día. Se debe preparar el terreno con los cuidados específicos que
correspondan, tal como roturar la tierra, agregarle abonos, etc. La semillas
deben ser arrojadas de manera tal que cumplimenten una distribución ajustada a
la clase de plantas que se desean cultivar. Además es imprescindible que se
riegue el sembradío y se vayan quitando las malezas inconvenientes. Finalmente,
es necesario cuidar que insectos y demás especies perversas para las flores no
se reproduzcan en el sitio y destruyan los productos de la siembra. Estas
tareas, llevadas al campo organizativo, deben ser monitoreadas globalmente por
el líder, ya que si bien puede asignarlas a personas y/o grupos apropiados,
requieren de una conducción general para no perder la perspectiva totalizadora.
Si la
organización se propone seriamente desenvolver equipos productivos, tales como
comités, grupos de trabajos específicos, departamentos o estructuras
auto-gestionadas que produzcan un producto de alta calidad y/o servicios
acordes a los requerimientos del mercado, los componentes de la organización
deberán seguir el ejemplo de los jardineros idóneos, guiados por un líder capaz
y motivados por objetivos adecuadamente establecidos.
La Motivación: La
palabra motivación se deriva del latín movere, que significa moverse,
ponerse en marcha, estar impulsado a la acción. Esta componente es esencial en
el ejercicio de un liderazgo moderno, ya que hace falta que la gente se
encuentre entusiasmada y optimista para emprender sus tareas dentro de la
organización. Cuando uno se encuentra motivado, hay pocas cosas que no se
puedan hacer en el contexto de las posibilidades organizativas reales y
razonablemente consideradas [Sapienza, 1995]. Estar
motivado significa que uno ama su trabajo o tarea dentro de la organización.
Por cierto que algunas veces este sentimiento no es tan fuerte como en otras
oportunidades, pero en un ambiente motivador todos los componentes de la
organización sienten una participación que resulta placentera y al mismo tiempo
altamente significativa. Las cuestiones centrales para el líder es ¿Cómo
generar tal ambiente? ¿Cómo mantenerlo? ¿Cómo conseguir que aún dentro de
circunstancias difíciles y problemáticas, no decaiga la motivación general? Son
varias las maneras que pueden conducir a resolver positivamente estos
interrogantes y entre ellas podemos citar las condiciones de trabajo
apropiadas, el colocar a gente competente en los lugares adecuados, ofrecer
explicaciones suficientes para que la gente sepa que su trabajo es valioso y
tiene todo un sentido dentro del planeamiento global, los colaboradores deben
ser tratados dignamente y su recompensa debe estar en relación al trabajo
desarrollado y finalmente se debe propender a que las capacidades individuales
se expandan permanentemente para que los componentes del equipo comprueben que
ellos pueden ir un poco más allá de sus límites personales.
La teoría motivacional de McClelland [McClelland, 1984]
destaca que hay tres formas básicas de motivación laboral y ellas son el poder, el logro y la pertenencia y que si bien para cada
persona estas estructuras primarias se presentan al mismo tiempo en un grado
variable de composición, una de ellas suele preponderar en nuestras actitudes.
Esto es importante analizarlo en cada caso pues ayuda a comprender mejor
aquello que nos impulsa a mejorar nuestro desempeño.
¿QUÉ SE ESPERA DE UN LÍDER?
La enunciación de algunas de las características más
salientes de las organizaciones modernas y el papel concomitante del líder
mencionadas en la sección anterior parecerían se harto demandantes y exigentes
para el líder y los equipos de conducción. Cabe preguntarse si no serán algo
desmesuradas tales expectativas y que una persona o un reducido grupo de
personas definitivamente no pueden satisfacer tales necesidades. Asimismo cabe
la duda si estas peculiaridades de las organizaciones se corresponden con la
realidad o no son más que meros enunciados y expresiones de buenos deseos que
en el terreno práctico son de una casi imposible realización. Después de todo,
existen organizaciones que logran sobrevivir y en buena medida pueden ajustarse
al medio y sus exigencias, sin que lleguen a cumplimentar un buen número de las
características descriptas y otras no mencionadas.
Todas estas reservas están justificadas y es dable
observar que “hay de todo en la viña del Señor”, lo cual parecería contradecir
gran parte de todo lo antedicho. Sin embargo no hay contradicción alguna, pues
las exigencias del momento son enormes y cuanto más deja una organización de
embeberse de una filosofía conceptual ajustada a estos tiempos y adoptar
procedimientos operativos acordes con ella, más dificultades y problemas tiene
que enfrentar para alcanzar un desempeño razonable y arribar a las metas
fijadas.
Y entonces, ¿qué hay del líder que enfrenta estas
demandas extremas? En primer término vale la pena destacar que el líder no es
un ser omnisciente que todo lo sabe y que posee la más maravillosa de las
inteligencias, sino que conoce la forma de tener acceso al conocimiento que
otros poseen y que además, sabe trabajar con la gente para que esos saberes se
conviertan en acción efectiva. Además, el líder es confiable, y sabe ganarse la
lealtad y el compromiso de la gente. Y esa confianza se obtiene brindando
información relevante, ejerciendo una influencia amigable, y usando de manera
competente el conocimiento afín el propósito perseguido en la organización. Y finalmente,
el líder usa sabiamente del poder que tiene, no abusando de dicha prerrogativa,
sabiendo cuando ejercerlo directamente y cuando delegarlo, convirtiéndose así
en alguien que guía efectivamente antes que una persona que da órdenes. Además,
se debe destacar que las organizaciones requieren de líderes en todos los
niveles, desde los más abarcativos y globales hasta
las instancias más reducidas de aquellas.
Obsérvese que estas condiciones pueden ser satisfechas en
tanto sean tenidas en cuentas y valoradas en su justo término. Ellas no
implican que sean asequibles a unos pocos, sino que pueden ir desenvolviéndose,
adaptándose y perfeccionándose en la medida que se va desarrollando la función
de liderazgo. En última instancia el desarrollo de las capacidades propias del
liderazgo es un proceso de auto-crecimiento [Kouzes and Posner, 1987]. Por tales
motivos, el líder debe preguntarse periódicamente
-
¿En que campos necesito crecer
para propiciar un uso más pleno de mis capacidades potenciales?
-
¿Qué pudo hacer para desenvolver
esas capacidades?
-
¿Cuáles son las cualidades, las
habilidades y los talentos que están aletargados en mi persona y que bien
podrían expresarse con plenitud?
-
¿De qué manera el desarrollo de
estas capacidades me pueden ayudar a aportar algo positivo al mundo
organizativo y ofrecerme el coraje y la visión amplia para optimizar mi
desempeño como líder?
Es
realmente una necesidad crítica que el líder se brinde opciones de explorar un
espacio de libertad y de silencio en el cual puedan aflorar las capacidades
potenciales y hacerse manifiestas las nuevas vías de exploración organizativa,
más allá del quehacer rutinario y de las obligaciones diarias. Y esto no debe
entenderse en un sentido restringido y egoísta llevado por el deseo de satisfacer
al propio ego, sino como una posibilidad de apertura a nuevas dimensiones del
quehacer organizativo. Esto puede concretarse de varios modos, pero una
condición necesaria que debe satisfacerse es el alejamiento físico de los
lugares habituales de residencia.
EL VALOR DE LA CULTURA EN GENERAL Y DE LA LITERATURA EN PARTICULAR EN
EL QUEHACER ORGANIZACIONAL Y EN LAS TAREAS DE LIDERAZGO
En esta
época de cambios, de necesidades impensadas y apremiantes, de acontecimientos
extremos y de hechos sorprendentes, la falta de cultura en los dirigentes
constituye toda una amenaza para la salud organizacional. Aquí le damos al
término cultura el
significado ordinario o sea un cúmulo de conocimientos generales de toda clase,
una sensibilidad afinada para apreciar las manifestaciones estéticas de
distintas clases y una adecuada capacidad comunicacional, basada en lecturas
variadas. El porqué de la afirmación inicial no significa que los problemas dirigenciales se puedan encarar por el uso directo de los
bienes culturales. Sin embargo, el acerbo cultural que pueda poseer un
dirigente lo facultará para que pueda apreciar apropiadamente el panorama
organizacional, saber interpretar los distintos fenómenos que se suceden a
diario, alcanzar una adecuada perspectiva global y desarrollar una capacidad
imaginativa para resolver con solvencia los asuntos propios del quehacer
gerencial.
Por otra parte, el manejo de las relaciones
interpersonales propias del desempeño del líder, ya sea a nivel de los
colaboradores como en los contactos interinstitucionales, demanda del líder un
quehacer pulcro y cuidadoso en el trato con personas de diferentes formaciones
y antecedentes diversos en situaciones diferenciadas, todo lo cual no es
factible de hacerlo bien si no se tiene una base cultural sólida. Por cierto
que esta condición es necesaria pero no suficiente. En efecto, la persona
dotada del mejor bagaje cultural poco podrá hacer de provecho en los quehaceres
propios del liderazgo si no es emocionalmente estable, intelectualmente madura
y se encuentra sólidamente compenetrada de la misión que le toca
desempeñar.
Un aspecto especialmente importante de la cultura es
considerarla como un proceso de construcción de la realidad, el cual le permite
a la gente apreciar y comprender sucesos específicos, acciones, objetos,
expresiones y situaciones de maneras diferenciadas. Al mismo tiempo, estas
estructuras comprensivas brindan una base para que el comportamiento humano sea
el apropiado y cobre significación en el contexto de una determinada cultura [Durkheim, 1934]. En tal sentido, podemos afirmar que la
naturaleza de la cultura se encuentra en sus normas sociales y costumbres
consecuentes y que cuando uno se ajusta a ellas, el comportamiento humano será
consentido y al mismo tiempo podrá contribuir a la construcción de la realidad
social. Esta concepción no sólo es valiosa desde un punto de vista conceptual y
descriptivo, sino que adquiere especial relevancia cuando se la considera como
un proceso dinámico, como un fenómeno vivo a través del cual la gente puede
crear y recrear el mundo dónde vive. En este sentido se nota claramente otro
punto de ensamblaje entre el concepto de las organizaciones humanas y la
función de liderazgo con el concepto de cultura. Por el contrario, cuando se
considera desde una perspectiva estática y fatalmente establecida estas
concepciones de cultura, organización y liderazgo, entonces no cabe más que
aceptar el fatalismo de considerar a las cosas tal como son y como seguirán
siendo en el futuro, sin posibilidad alguna de cambio [Weber,
1947; Parsons, 1973; Harris,
1979].
Al visualizar las relaciones cotidianas entre las
personas que componen una organización desde la perspectiva cultural destacada
como un proceso de construcción de la realidad, también surgen nuevas maneras
de percibir el funcionamiento del grupo y el papel del liderazgo. Y así, se
encuentra que la formación de un grupo y el proceso de llegar a desempeñar
funciones de liderazgo en última instancia se fundamentan en la capacidad de
crear una concepción compartida de realidad. Por tal motivo, los grupos
cohesionados son aquellos que van creciendo y desenvolviéndose al torno a una
serie de conceptualizaciones y valores compartidos,
inspirados, propulsados y sostenidos por un líder carismático y creativo. Por
el contrario, las organizaciones fragmentadas, dislocadas e ineficientes
tienden a estar caracterizadas por una multiplicidad de realidades centrales.
Tomemos los ejemplos de ciertos dichos específicos de
algunas organizaciones bien conocidas:
“Sell
it to the sales staff” (Hewlett Packard).
“Those who implement the
plans must make the
plans” (Texas Instruments).
“Forty-eight-hour
parts service anywhere in the world or Cat pays” (Caterpillar).
“Ten
years´ trouble-free operation” (Maytag).
“IBM
means service” (IBM).
“Progress
is our most important product” (General Electric).
“No
surprises” (Holiday Inns).
“Never
kill a new product idea” (3M).
Todas
estas expresiones comunican valores centrales en torno a los cuales las distintas
organizaciones están construidas y funcionan y simbolizan aspectos importantes
de la filosofía corporativa. Sin embargo, debe destacarse que la cultura
organizacional siempre tiene raíces más profundas que las aquí expresadas. Los slogans, el lenguaje evocativo y las estructuras de
comportamiento grupal que decoran la superficie de la vida de la organización
brindan ciertas pistas acerca de la existencia de los sistemas de significados mucho más hondos y algo evasivos.
El gran desafío para aprehender a las organizaciones como culturas es
comprender como estos sistemas, en sus aspectos más materiales y exteriores así
como en la faz de valores y significados subyacentes son creados y
mantenidos.
En este contexto
genérico, la literatura cobra especial relevancia y seguramente es el aspecto
cultural de mayor valor e importancia. En efecto, el sinnúmero de amplias y
variadas expresiones literarias constituye una fuente inagotable de riquezas vivenciales que bien pueden ser aprovechadas, directa o
indirectamente, en el desempeño de la función de liderazgo. Ya se ha
puntualizado que los eventos que se desarrollan en los tiempos que corren la
mayor parte de las veces tienen el carácter de nuevos e inesperados. Y el líder
debe saber entenderlos, interpretarlos y moverse en medio de ellos sin
hesitación alguna si se quiere que el quehacer organizativo no se vea
seriamente dañado. ¿De dónde extraer enseñanzas válidas, ejemplos ilustrativos,
posibilidades impensadas en medio del quehacer ordinario? En este sentido la
literatura ofrece un sinnúmero de ejemplos valiosísimos.
Cuánta sabiduría encierra El Castillo de F. Kafka y con qué elocuencia describe los innumerables
vericuetos administrativos de las organizaciones manifiestamente burocráticas!
De que forma tan clara y expresiva se describe en Tiempos Modernos de Charlie Chaplin todo el
amenazante advenimiento de las organizaciones estructuradas desde una
perspectiva fríamente mecanicista! Cuán actual resulta El Príncipe de N. Macchievelo cuando se extraen diversos conceptos esenciales
de esta obra y se constata su aplicación en la conducción política actual! Qué
expresividad alcanza a plasmar H. James cuando presenta en su obra Daisy Miller
uno de sus temas favoritos: la inocencia y las formas de comportamiento
vagas y débiles del norteamericano medio en conflicto con la organización
social compleja de las sofisticadas sociedades europeas de finales del siglo
XIX!
Por supuesto que se puede opinar que una cosa es el hecho
literario y otro muy distinto la misma experiencia humana, cosa que es muy
cierta. Pero al mismo tiempo sería algo ridículo pensar que una “receta”
literaria brinde soluciones efectivas para enfrentar la problemática propia del
liderazgo. Si bien resulta algo obvio, los asuntos del mundo del aquí y ahora
deben ser enfrentados y resueltos en el aquí y ahora con aquello que uno posee
y ayudado de las capacidades que haya podido desenvolver, fruto del estudio, la
reflexión, la experiencia, la imaginación, el asesoramiento, los propios
fracasos, el trabajo en equipo y la inspiración propia del momento. Es
precisamente en todo lo atinente a las capacidades personales que la literatura
cobra especial relieve, ya que la variada gama de situaciones y personajes y
tramas argumentales constituyen un tesoro inapreciado de referencias válidas.
De especial valor resulta el tema de los valores, aspecto
de vital relevancia en el quehacer propio del liderazgo. Los conceptos de bien
y mal, de cierto o falso, de justo o injusto, de adecuado o inadecuado son aspectos
que están implícitos en la tarea directiva y que deben sumarse a los demás
aspectos que conforman el panorama organizacional. La labor de liderazgo se
lleva a cabo por seres humanos que regulan las labores de seres humanos y que
tienen consecuencias sobre otros seres humanos, por lo cual sería irreal
suponer que el aspecto de los valores no tiene cabida en el ámbito de las
organizaciones. Si bien uno puede suponer que ello puede ignorarse y/o que
posee una importancia marginal, tarde o temprano el aspecto valorativo se hará
sentir y sería necio ignorarlo. Un ejemplo claro de este asunto lo suministra
el desarrollo sustentable que actualmente se ha impuesto y que requiere que
aquello que se haga en el ámbito de la producción no produzca efecto nocivo para
el sostenimiento de la vida en nuestro planeta. Se puede decir que esto ha
resultado en forma algo tardía. También se puede opinar que no es totalmente
tenido en cuenta al momento de encarar muchos proyectos agrarios, industriales,
etc. Aquí no importan estas cuestiones, no porque no poseen una especial
relevancia sino que lo que se quiere señalar es el tema insoslayable de los
valores.
Las distintas fuentes literarias ofrecen una amplia gama
de tratamientos, monografías y relatos que ilustran situaciones variadas,
extremas y hasta ridículas de los aspectos humanos, morales, religiosos, etc.
que hacen a la cuestión de los valores. Si el líder cuenta en su haber de
formación personal (sea por la vía profesional o por mero diletantismo
intelectual) con una base de acercamiento a estos materiales, entonces
dispondrá de un bagaje cultural que le será de utilidad en el momento de
enfrentar situaciones de la vida organizacional.
Otro aspecto particularmente interesante para ilustrar la
vinculación de la literatura con la
función del liderazgo en la organizaciones es lo relacionado con las distintas
clases de inteligencias. En efecto, en una publicación que tuvo bastante
resonancia en el ámbito literario general, Daniel Goleman
(Goleman, 1995) destacó la existencia de una clase
especial de inteligencia: la inteligencia emocional. Esta capacidad sería de un
carácter más amplio y abarcativo que la inteligencia
ordinaria, tal como se la entiende corrientemente y que se mide por el clásico
coeficiente de inteligencia. Entre los campos especialmente importantes dónde
esta concepción encuentra aplicación se puede citar a la vida organizacional,
cosa referida por Goleman en su obra antes citada.
Esta nueva perspectiva para considerar las capacidades de los líderes abrió
todo un campo nuevo de posibilidades en el terreno de las cualidades requeribles en las tareas de conducción. Y así se
registraron algunas publicaciones valiosas referidas al tratamiento del propio
trabajo con la inteligencia emocional (Goleman, 1998)
y su aplicación específica en el terreno del liderazgo y las organizaciones (Cooper y Sawaf, 1996). Y más
recientemente se ha destacado otra clase de inteligencia, la inteligencia
espiritual, que constituye una extensión de la inteligencia emocional y que,
además de las capacidades cognitivas, el desarrollo emocional y las habilidades
motoras propias del ser humano, toma en consideración la dimensión espiritual,
la cual reconoce sus raíces en una toma de conciencia más global y reconoce un
grado de compromiso más amplio con la sociedad, con uno mismo y con la
dimensión trascendente de la vida (Scott, 2004).
Más allá de la adhesión y/o creencia que se tengan
respecto de estas clases de inteligencias, es innegable que estos aportes
literarios son valiosos para lograr perspectivas alternativas, más integrales y
comprometidas que, sin quitar nada a lo que pueda considerarse habitual y
reconocido en el campo del liderazgo, resultan de interés ya que no sólo
constituyen aportes conceptuales valiosos sino que además brindan algunas
herramientas operativas directas y efectivas, de aplicación sencilla. En
efecto, Cooper & Sawaf
(op. cit.)
ofrecen un Mapa de Inteligencia Emocional que intenta lograr una apreciación
cuantitativa de esta clase de inteligencia y en base a sus resultados,
apropiadamente interpretados, ofrecen un diagnóstico cierto acerca de esta
clase de capacidad.
En la primera parte de este artículo se destacó el valor
de la lectura situacional al trabajar en el contexto de las organizaciones y el
ejercicio del liderazgo y se adelantó que este concepto de lectura también debe
considerarse en un sentido directo del significado del término. Lo discutido en
esta última parte permite apreciar el porqué de aquella afirmación.
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Agradecimientos: El autor desea expresar su agradecimiento a Jerry Hoeg y Kevin Larsen
por la lectura crítica de este artículo y las valiosas sugerencias realizadas,
las cuáles han sido muy valiosas para mejorar la presentación final.