La Edad Media y el
Renacimiento
Rafael Català
Ometeca Institute
Normalmente llamamos “Renacimiento”
al período de renovación artística,
literaria y científica surgido a mediados del
siglo XV y desarrollado hasta finales del
siglo XVI. Este tuvo sus comienzos y gran desarrollo en Florencia, Italia, y
luego se extendió a otros países de Europa (Nuevo Espasa Ilustrado, 1138). Esta
es la visión de la crítica literaria, científica y artística tradicional cuando
describen esta revolución cultural.
¿Qué volvió a nacer en Florencia?
El estudio de los clásicos griegos, que Europa había olvidado luego de la caída
del imperio
romano. Platón y, principalmente, Aristóteles volvieron a ser estudiados. La
academia florentina, dirigida por Marsilio di Diotifeci, comenzó a trabajar con
los “Diálogos”de Platón que se encontraban en la biblioteca de Cosimo de Medici
(1434-1464). Esto hizo que el humanismo
se convirtiera en el sustento de las concepciones principales de esos tiempos.
Así el platonismo se comenzó a difundir por toda Europa. El estudio de la obra de Aristóteles fue,
quizás, mucho más importante que la obra de Platón pues fue responsible por la
revolución científica. Luego con la traducción de De Anima comienza el debate que eventualmente determina el futuro
intelectual de Occidente (Rubenstein, 8).
A mi ver, el Renacimiento comenzó
en la Edad Media cuando Europa redescubre los clásicos griegos y muchos otros
clásicos de la India, Persia, Bizancio y otras culturas del Oriente Medio.
Los clásicos griegos estuvieron
olvidados por casi mil años. Fueron los árabes los que disfrutaron del saber griego por
todo este lapso de tiempo y éste llegó a Europa en lengua árabe. Los manuscritos de la sabiduría griega se
encontraban en las bibliotecas de las grandes universidades de Bagdad, Cairo, Toledo y Córdoba.
Esto es, cuatro siglos antes de que Francis Bacon y René Descartes proclamaran
la Revolución Científica, una perspectiva moderna, racionalista, humanística y
empírica ya había nacido en la Europa Occidental. La lucha entre razón y fé no
comenzó con Copérnico o con el juicio de Galileo ante la Inquisición, sino con
la controversia sobre las ideas de Aristóteles en los siglos XII y XIII. Muchos
especialistas en el medievo creen que el “renacimiento medieval” comenzó con el
conflicto entre los cristianos de si aceptaban o rechazaban la ciencia
aristotélica. Estos medievalistas
suponen que éste fue el punto crucial en la historia intelectual de Occidente[i]. A pesar de todo esto, la historia cultural
que todavía se difunde en los centros educativos y culturales es que el
modernismo comenzó con el Renacimiento del siglo XVI y con científicos como
Copérnico e Isaac Newton (Rubenstein, 4-15).
Los territorios reconquistados de
los árabes, como Toledo, practicaban la tolerancia religiosa.
Allí judíos, árabes y cristianos vivían en armonía. De aquí que cuando el rey
Alfonso X, el Sabio, que reinó del 1252 al 1284, y sus antecesores tienen
conocimiento de los manuscritos griegos en árabe pide a eruditos judíos,
cristianos y árabes que los traduzcan al latín. Ya para el reino de Alfonso X
se comienzan a traducir al castellano. Ésta fue una de la grandes
contribuciones de Alfonso X, el fue el primer rey en Europa que utilizó la
lengua vernacula para todo tipo de transacción cultural e intelectual (Menocal,
224).
Con la traducción de De Anima de Aristóteles comienza el
debate que eventualmente determina el futuro del desarrollo intelectual de Occidente. En
tiempos medievales la disputa entre intelectuales no era la “ciencia” versus la
“religión”. Lo que se llamaba ciencia incluía la lógica, la ética, la
metafísica, la estética y hasta la teología. Todos los que estaban involucrados
en la disputa eran cristianos fervientes. La controversia tenía que ver con
hasta que punto los intelectuales europeos se comprometían en la búsqueda de un
entendimiento racional y cómo ellos podrían
hacerlo sin perder su religión e identidad cultural. “Podría un pensador
cristiano, inspirado por Aristóteles,
hacer sentido del
mundo natural y de la motivación y relaciones humanas? ¿Podrían utilizar las
mismas técnicas de razonamiento para explicar la relación de lo creado con
Dios? Para muchos tradicionalistas el proyecto
parecía peligroso y ambicioso. Aristóteles fue un pagano y algunas de sus ideas
chocaban con la doctrina cristiana. Más aún, la postura aristotélica con su
desmedida admiración por el mundo material,
su desagrado por las explicaciones místicas de los fenómenos naturales,
y su optimismo sobre la naturaleza humana, estaban en contraposición a los
siglos de asceticismo y valores
cristianos”(Rubenstein, 8, la traducción es mía). Tocó a Santo Tomás de
Aquino casar la teología cristiana con
la ciencia aristotélica.
La escuela de traductores de Toledo atrajo a
intelectuales de todos lados. Inglaterra
suplió un gran número de eruditos que incluían a Robert de Chester,
Adelard de Bath—uno de los primeros científicos empíricos de Europa—y a Daniel
Morley. Del
norte de Italia vinieron Juan de Brescia, Platón de Tivoli y Gerardo de
Cremona. Este último produjo versiones latinas de las obras principales sobre
las ciencias naturales de Aristóteles, el Almagesto
de Ptolomeo, Elementos de Geometría
de Euclides, y muchos otros. Había una buena representación de Flandes,
Francia, los Balcanes y Alemania. Asimismo llegaban eruditos griegos de
Bizancio y judíos famosos como
Moisés ben Samuel ibn Tibbon y Juan de Sevilla. El historiador Friedrich Heer
en su libro The Medieval World: Europe,
1100-1350 escribió que fue el ejemplo de Toledo donde Europa aprendió a comprender que
el conocimiento no conoce fronteras: es universal, global y “humano”, y que le
concierne a la humanidad sin respetar raza o religión (Rubenstein, 19).
París
Copias de la obra de Aristóteles
llegan a París con los comentarios de Averroes de Córdoba. Junto a ellas
llegaron también libros de judíos como
Maimonides, de musulmanes como
Avicenna y Al Ghazali, y de filósofos
iraníes, entre otros. Por supuesto la
obra de Santo Tomás de Aquino y la del
alemán Albertus Magnus tuvieron gran impacto. Éstos últimos fueron entre los
más importantes elaboradores de la síntesis cristiano-pagana. La escuela de la catedral de Notre Dame fue
muy importante en la creación de la Universidad de París (Marie-Jeanne Coloni).
En 1210 el sínodo episcopal en
París prohibió los comentarios sobre Aristóteles escrito por Averroes de
Córdoba. Éstos estaban siendo usados en la Universidad de París. En 1215 la
universidad corroboró la prohibición y a esto añadió la prohibición de toda la
obra de Aristóteles, especialmente su Metafísica
y los tratados sobre las ciencias naturales.
Las prohibiciones no tuvieron mucho
efecto y para el año 1230 era evidente que los intelectuales parisinos
enseñaban públicamente la obra de Averroes (Menocal, 204).
Sicilia y Nápoles
Los árabes comenzaron a viajar
de Africa a Sicilia en el año 703. Luego esta
emigración fue interrumpida por la invasión árabe de España en el 710. Los
próximos ataques a Sicilia tuvieron lugar después del 740 y para el año 902 los árabes fueron
prácticamente dueños de esta isla. Durante todo este período los bizantinos
trataron de reconquistar a Sicilia. La conquista árabe logró separar a Sicilia
de Bizancio y del
resto de la península italiana. A
mediados del
siglo X el gobierno árabe se convirtió en una dinastía hereditaria. Luego en el
1060 los normandos conquistaron a Sicilia bajo el mando de Roger I. En el siglo
XII otro rey normando, Roger II, consolidó sus poseciones con el sur de Italia.
Él se estableció en Palermo.
Allí, siguiendo la tradición árabe de tolerancia cultural y religiosa, cultivó
relaciones con eruditos bizantinos, cristianos, musulmanes y judíos. Como resultado esta
política estimuló a eruditos greco-parlantes a permanecer en su reino. Así
Palermo se convirtió en un centro importante de traducciones en Europa
(Rubenstein, 20)
A consecuencia de las Vísperas
Sicilianas en 1228, en que los naturales se levantaron contra los franceses,
Sicilia pasó a la corona de Aragón. Sicilia se unió a Nápoles bajo el dominio
español. Muchas de las traducciones de
la escuela de traductores de Toledo
pasaron, a partir de los nexos árabes y españoles ya establecidos al reino de
Nápoles y Sicilia.
Federico II (1194-1250) rey del Sacro Imperio Romano y rey de Sicilia y Jerusalén,
fue el hijo de Constanza de Nápoles, hija del rey Roger I de Sicilia. Este rey fundo fundó muchos centros de
cultura, estableció la Universidad de Nápoles e invitó a Michael Scot—médico,
astrólogo, nigromántico y traductor del árabe
y del
hebreo—a poner un taller de traducción, en la tradición toledana, una cooperativa multilingüe. Federico II, que
hablaba el árabe, aspiró a competir con la influenza andaluza en las artes y
las ciencias. De esta forma atrajo, entre otros, al matemático Leonardi
Fibonacci que estaba revolucionando la notación matemática europea. Scot fue un
importante enlace al mundo de la traducción para Federico II, lo que hizo que
éste se convirtiera en un filántropo, haciendo posible la compra de manuscritos
de gran valor a las instituciones de Sicilia y otros lugares. Entre ellas
encontramos obras de Averroes y Maimonides. Scot fue inmortalizado por
Dante en su Infierno(Menocal 190-193).
Florencia
Los grandes cambios en la
mente de los pueblos tienen lugar cuando las condiciones económicas, físicas y
psicológicas están listas para recibirlos. Esto ocurrió en Florencia. Por el
comercio este lugar había alcanzado un alto nivel de prosperidad. Ya para el
siglo XIII el estándar de vida era mucho más alto que cualquier otro lugar en
Europa. Francesco Petrarca se había convertido en el padre espiritual de esta
época. El mantuvo una íntima relación con algunos de los líderes más
importantes de la vida cultural florentina. Giovanni Boccaccio, que había
obtenido una sólida educación clásica, fue uno de sus más grandes admiradores.
Petrarca acudía a este último cuando necesitaba leer manuscritos y documentos
antiguos que Boccaccio había coleccionado. Desde mediados del siglo XIV hasta su muerte en 1374,
Petrarca dominó el horizonte espiritual de Florencia e inspiró a los maestros
de la “studia humanitatis” (Rubenstein, 8-9; The World of Renaissance Florence,
21).
La dinastía de los Medici,
especialmente Lorenzo I, el Magnífico (1449-1492), fueron quienes hicieron
posible, en gran parte, el renacer cultural de Florencia. Cosme de Medici (1389-1364) auspicia la
fundación de la Academia platónica florentina bajo la dirección de Marsilio Ficino. La protección dada a
jóvenes pintores como
Masaccio (1401-1428) dio lugar a revolucionar la pintura. Fue Masaccio quien
empleó la perspectiva y expuso el cuerpo humano sin convencionalismos
medievales, y que fue precursor de la obra de Leonardo y Miguel Angel, entre
muchos otros. En 1456 se funda el Chorus Achademiae florentino que atrajo a
muchos jóvenes cultos y eruditos, entre ellos Lorenzo de’ Medici.
Florencia hace que el
renacimiento comenzado en el siglo XIII con la traducción de los clásicos del árabe al latín
llegue a su apogeo.
El Renacimiento
Una vez que ponderamos por
todo este recorrido histórico de la actividad intelectual del medievo, nos tenemos que hacer la
pregunta: ¿Cuándo y dónde comenzó el Renacimiento? Podemos decir que comenzó de
la fusión de culturas, cuando la cultura musulmana—los árabes—invaden culturas
cristianas—España y Sicilia—. Así los cristianos descubren los clásicos y son
influidos por la tolerancia religiosa de los árabes. De esta forma más que un
período histórico que comenzó en Florencia, el Renacimiento fue un proceso
que comienza en el siglo XII, como apunté anteriormente, de renovación científica,
artística y literaria que inició en siglos anteriores al apogeo florentino. Es
más fue un proceso que tuvo varios apogeos: en Córdoba, Sicilia y Toledo
en el siglo XII, en Nápoles en el siglo XIII, y finalmente en los siglos XV y
XVI en Florencia.
Es sumamente simbólico que en
1539 Eleonora de Toledo, hija de Don Pedro
Alvarez de Toledo, gobernador del
Sur de Italia—Nápoles y Sicilia— y lugarteniente de Carlos V, se casara con
Cosimo I de’ Medici, Gran Duque de Toscana, lo que trajo riqueza e influencia
política a la Casa de los Medici. El siglo XVI sella las dos vertientes del
Renacimiento, Toledo y Florencia.
La crítica literaria ,
científica y artística que dice que en España no hubo Renacimiento tiene, a mi
ver, que ser revisada debido a que el proceso del Renacimiento comenzó
en Toledo y en
Sicilia con relativa simultaneidad en el siglo XIII.
Bibliografía
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Trans. Walter Darwell. Florence:
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González López, Emilio. Historia de
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Menocal, Maria Rosa. Ornament of
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Rubinstein, Richard E. Aristotle’s
Children: How Christians, Muslims, and Jews Rediscovered Ancient Wisdom and
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