La Ciutat De Les Arts I De Les Ciències

Jerry Hoeg

En julio de 1996 nace Ciudad de las Artes y las Ciencias, S.A., empresa mercantil de la Generalitat Valenciana, con el fin de llevar a cabo la construcción del complejo también llamado La Ciutat De Les Arts I De Les Ciències.  El proyecto fue diseñado por el arquitecto valenciano (1951) Santiago Calatrava, y el complejo ubicado en la margen derecha del tramo final del antiguo cauce, ya seco, del río Turia, en pleno centro de la ciudad de Valencia. Según el sitio web del mismo (www.cac.es), La Ciutat De Les Arts I De Les Ciències  consta de “cinco grandes elementos [que] comparten la vocación por la divulgación cultural y la participación ciudadana en un entorno arquitectónico futurista y único, de grandes espacios abiertos al público: L´Hemisfèric, el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, L´Umbracle, L´Oceanogràfic y el Palau de les Arts.

          L'Hemisfèric, "El Ojo de la Sabiduría ", llamado así por la forma del edificio que “representa un gran ojo humano abierto al mundo”, de 14.0000 m cuadrados e inaugaurado el 16 de abril del 1998, es esencialmente un teatro IMAX, que también incluye un planetario y laserium.  El Museo de las Ciencias Príncipe Felipe es un espectacular edificio de más de 40.000 m 2 “dedicados al acercamiento de la ciencia y la tecnología al ciudadano” (www.cac.es), y más de 13 millones de ellos lo  han visitado desde su apertura. Bajo el lema de “Prohibido no tocar, no pensar, no sentir” (ibid), el museo hace hincapié en la interactividad en sus exposiciones relacionadas con la evolución de la vida y la divulgación científica y tecnológica,  y también  promueve “la difusión del mayor número posible de actividades y publicaciones relacionadas con la ciencia y creadoras de opinión en los ciudadanos” (www.cac.es).  Según su página web, “El objetivo final del Museo es claro: mejorar el nivel cultural de la población que lo visita, provocando la reflexión y reactivando la capacidad crítica”.  Y vale hacer mencionar que el Comité Científico Asesor del Museo cuenta con siete Premios Nobel.

          L´Umbracle, inaugurado el 3 de noviembre de 2000, es un edificio de estacionamiento cubierto de un jardín que le ofrece al visitante un paseo agradable frente al museo. L'Oceanogràfic, inaugurado el 12 de diciembre de 2002, es el mayor parque marino de Europa, y cuenta con:

Un volumen de 42 millones de litros de agua salada, equivalentes a 15 piscinas olímpicas.

110.000 metros cuadrados

Capacidad para albergar más de 45.000 ejemplares de 500 especies diferentes.

…reúne una representación de los principales ecosistemas marinos del planeta, -desde el atlántico, el mediterráneo, las aguas continentales, hasta los mares helados del ártico o el antártico, pasando por los hábitats templados o tropicales,- y destaca por sus proyectos de educación, conservación e investigación de las ciencias del mar…. L´Oceanogràfic cumple así con los fines principales que impulsó su construcción por parte de la Generalitat Valenciana:

Crear un centro desde donde divulgar e investigar el medio marino.

Apoyar la recuperación y rehabilitación de fauna y flora protegida, contribuyendo así a la conservación medioambiental y la biodiversidad del planeta.  (www.cac.es).

 

          El último componente del proyecto, El Palau de les Arts,  se trata de un edificio de 40.000 metros cuadrados de superficie y 75 metros de altura diseñado por Santiago Calatrava.  El Palau de les Arts es el centro Valenciano en lo que se refiere a la ópera y los grandes espectáculos musicales y teatrales.

Sus objetivos principales son potenciar el arte y la cultura como elemento de dinamización social; crear un enclave vanguardista para albergar representaciones de artes escénicas; así como, contribuir a la difusión de diversas manifestaciones artísticas y culturales, como la música, la danza o el teatro.  (www.cac.es)

          Ahora bien, cabe preguntar en qué medida el proyecto ha logrado cumplir con sus objetivos.  Dado que no se hace investigaciones científicos en La Ciudad, tenemos que considerar las tres metas de difundación, divulgación, y didacticismo, y hay que concluir que estas actividades toman lugar a un nivel bastante básico, de tal manera que dichos esfuerzos cobran una forma muy sencilla.  Esto es de esperar, pues todo aspecto del fomento científico opera en función del componente comercial que respalda el financionamiento del proyecto y por lo tanto sirve de factor motriz de lo mismo. De nuevo, citando a la página web, “Impulsado íntegramente por la Generalitat Valenciana, el complejo de La Ciudad de las Artes y las Ciencias se ha convertido en lugar de referencia internacional y símbolo de la apuesta por el turismo cultural y el dinamismo con el que la Comunidad Valenciana se presenta ante el mundo”.

          Dicho de otra manera, una función importante de La Ciudad de las Artes y las Ciencias es la de atraer el turismo nacional e internacional a Valencia.  La arquitectura de La Ciudad es la respuesta de Valencia a las obras de Antonio Gaudí en Barcelona y el museo Guggenheim de Frank Gehry en Bilbao, con su concomitante “efecto Gehry”, o sea el conspicuo aumento de turismo en Bilbao producido por el edificio.  Cada uno de los tres arquitectos utiliza formas orgánicas como punto de partida para sus obras, en contraste nítida al Modernismo a la Bauhaus con sus máquinas de hierro, hormigón y cristal, que era el estilo más difundido en el siglo XX.        Mientras que el enfoque de la arquitectura desde el industrialismo del siglo XIX hasta el Modernismo internacional (a no confundirse con el modernisme Catalán de Gaudí) se ha centrado en lo racional--eficiencia, progreso, avances mecánico-industriales--el enfoque de Calatrava, Gaudí, y Gehry ha sido en lo orgánico, en lo vivo.  La distinción proviene de las ramas de la ciencia subyacentes, a saber, la física y las matemáticas versus las ciencias biológicas.  En los siglos XIX y primera mitad del XX las ciencias físicas brindaban el discurso dominante a una sociedad que dependía de avances en ellas para su éxito socio-político, o sea la industrialización, la producción masiva, etc.  Para el siglo XXI el enfoque científico había cambiado a las ciencias biológicas, el descubrimiento del ADN, el genoma humano, la clonación, la ingeniería genética, y hasta las computadoras que se están cobrando vida en la medida en que se convierten de meras máquinas en ciborgs y robots con inteligencia artificial.   

          La vuelta hacia las ciencias de la vida también ha servido para llevar a cabo una especie de “consilience” entre la religión y la ciencia.  Mientras que el iluminismo había provocado una ruptura entre la ciencia y la religión, produciendo así las dos culturas,  el mecanismo y el vitalismo, el nuevo enfoque sobre el misterio de los misterios ha reunido a las dos culturas, volviéndolas a su estado primordial.  Cuando el Papa Benedicto XVI vino a Valencia en julio de 2006, pronunció sus discursos, frente a millón y medio de peregrinos, desde La Ciudad de las Ciencias y no desde la Catedral.  La última obra pública en Valencia a grande escala antes de La Ciudad, la Catedral de Valencia y sus concomitantes recintos, ya no sirven.  Desde la sede de la ciencia, y por medio de enormes pantallas, de la última onda tecnológica, ubicadas alrededor del perímetro de La Ciudad de las Ciencias, vino el mensaje de la religión.

          El nuevo discurso científico no se refleja únicamente en la forma de la arquitectura--el ojo de la sabiduría de L'Hemisfèric, las espinas ictiólogas del museo Principe Felipe--sino en los contenidos también, desde el enfoque de L’Oceonografic sobre la conservación medioambiental y la biodiversidad hasta el énfasis en el ADN el museo mismo.  La Ciudad marca una nueva pauta en las relaciones sociales.  Si en el pasado la Catedral de Santiago de Compostela (acabada en 1211, la última Catedral Romanesca, estilo de los reyes-guerreros cristianos como Carlomagno que querían imitar a los emperadores romanos), junta con el Camino de Santiago, era fuente de turismo y del intercambio de discursos sociales, su atractivo provenía en parte de una cosmovisión que buscaba el control sobre tanto la naturaleza como el destino humano en el más allá, o sea en la religión.  La Catedral de la Sagrada Familia de Gaudí marca el fin de la creencia en la religión como recurso de control sobre la naturaleza y el paso a una cosmovisión que cree en las ciencias físicas, y en la industrialización, el progreso, y la huida de la superstición a la razón para controlar el porvenir.  De hecho el modernisme de Gaudí “tenía los ojos en el pasado, con preferencia en la Edad media…idealista y romántico” (Mendoza 507).  Pero aún mientras Gaudí empezaba su Catedral un nuevo movimiento, el noucentisme, reemplazaba al modernisme catalán.  Este nuevo movimiento miraba hacia el futuro, y era materialista y escéptico.  De allí en adelante la religión venía perdiendo su dominio sobre el futuro, y si los turistas todavía vienen para ver La Sagrada Familia, no es por motivos religiosos.  Con la construcción de La Catedral, digo, de La Ciudad de la Artes y Ciencias, el viraje ya es fait acumpli.  Ahora el nuevo discurso gira en torno a las ciencias biológicas, desde “Save the Whales”, hasta el efecto invernal y la ingeniería genética, a no mencionar las armas biológicas de destrucción masiva.  La biología nos va a suministrar comida, salud, designer kids, y hasta vida eterna, con tal de que aprendamos a sacar provecho de ella, y si no, pues todo lo contrario.  Y por lo tanto las obras públicas se consagran a la vida, desde el Human Genome Project hasta La Ciudad de Las Artes y Las Ciencias. 

          Así que en el caso de La Ciudad de las Artes y las Ciencias, las humanidades se ven a nivel manifiesto, o sea la arquitectura misma, pues Gaudí, Gehry, y Calatrava estudiaron el arte, trabajan desde bosquejos y sacan inspiración de las formas esculturales de la naturaleza.  Por otro lado, a nivel latente, el contenido, el discurso que informa las formas arquitectónicas proviene de las ciencias biológicas, y de la necesidad  humana de controlar la naturaleza tanta humana como medioambiental. 

          Este deseo se nota en las humanidades desde que hay humanidades. Las primeras representaciones abstractas del ser humano-figuras de fertilidad, pinturas simbólicas para controlar la caza, entierros de cadáveres humanos acompañados de ritos funerarios--servían para controlar la relación entre el ser humano y  la naturaleza.  Las primordiales obras de teatro también tienen temas míticos relacionados con el esfuerzo por controlar la Naturaleza, o sea los cambios climáticos, la cosecha, la fecundidad,  etc.  El Memphite Drama y el Abydos Passion Play, ambos de Egipto alrededor de 2.550 A. de J.C.,  tratan la muerte y resurrección de Osiris, dios de la fecundidad de la Naturaleza.  En el mismo momento se presentan obras parecidas en Sumer, Babilonia, Cananeo y otras civilizaciones agrícolas tempranas (Gaster).  Aristóteles nos dice que el teatro griego tiene sus raíces en los ditirambos, himnos en honor de Baco o Dionisio, dios de la fecundidad.   Y si miramos de cerca la tragedia griega, y sus descendientes modernas, Hamlet, o  Bernarda Alba por ejemplo, vemos que la tragedia se trata de dos otros elementos de control, el control sobre la transmisión genética y sobre la transmisión de bienes materiales.  A través de dicho control, se mantiene el orden social, incluso la estructura de clase social, y el control sobre los recursos naturales.

          En España, como en el resto del mundo, la ciencia se ha caracterizado en términos positivos en tiempos de prosperidad, y en términos negativos en épocas de ocaso socio-económico, y ponemos en caso las épocas de Alfonso el Sabio, Unamuno con su Africanizarse o Europeizarse, Francisco Franco y la prosperidad actual, para nombrar solo unos pocos ejemplos.  Cualquier  pueblo favorece el progreso intelectual cuando hay progreso económico, y se vuelve conservador y piadoso en tiempos de inseguridad e instabilidad.    Y cuando el Papa mismo hace peregrinaje a adorar en La Catedral de la ciencia, seguro que la economía marcha bien y no hay ningún Dr. Frankenstein que trabaje en el Museo Príncipe Felipe.  Pero todavía nos cabe preguntar que si el turismo internacional hoy en día gira alrededor de las ciencias biológicas, ¿refleja esto el éxito de dichas ciencias, o la desesperación de un mudo que enfrenta problemas ambientales--sobre población y escasez de recursos-- insuperables?  ¿Es La Ciudad de las Ciencias y las Artes producto, y productor, de ciencia o de fe?

 

Obras citadas

Gaster, Theodor.  Thespis: Ritual, Myth, and Drama in the Near East.  New        York:  1950.

Mendoza, Eduardo.  La ciudad de los prodigios.  Barcelona: Seis Barral,      1986.